sábado, 31 de enero de 2026

 

 CRISTO REY

Párrafos del libro ¿”CRISTO VUELVE O NO VUELVE?, del Padre Leonardo Castellani, escritos contra el error liberal de recluir el catolicismo a una función solo privada; y explicando que “siendo el hombre naturalmente social, si la religión no tiene nada que ver con lo social, entonces no sirve para nada, ni siquiera para lo privado”. Gran palo para todos los clérigos, de arriba abajo ”del no te metás”, por miedo a disgustar a los amos.

Se entiende que Cristo es y debe ser Rey de los hombres y de las naciones; pero hay cuestiones que no son tan claras, y por eso muchos se preguntan: ¿Cómo será Rey? ¿Cómo gobernará? ¿Su gobierno será monárquico? ¿Con qué partido? En fin, que uno se lo imagina sentado en el sillón presidencial del que te dije ¡¡¡que Dios me perdone!!!, como si fuese un gobernador mundano. Y no es así. A continuación la clara explicación del Padre Castellani:

*

El año 1925 accediendo a una solicitud firmada por más de ochocientos obispos, el Papa Pío XI instituyó para toda la Iglesia la festividad de Cristo Rey, fijada en el último domingo del mes de octubre. Esta nueva invocación de Cristo, nueva y sin embargo tan antigua como la Iglesia, tuvo pronto sus mártires, en la persecución que la masonería y el judaísmo desataron en Méjico, con la ayuda de un imperialismo extranjero [blog: EEUU]: sacerdotes, soldados, jóvenes de Acción Católica y aún mujeres que murieron al grito de ¡Viva Cristo Rey!

Esta proclamación del poder de Cristo sobre las naciones se hacía contra el llamado liberalismo. El liberalismo es una peligrosa herejía moderna que proclama la libertad y toma su nombre de ella. La libertad es un gran bien, que como todos los grandes bienes, solo Dios puede dar: y el liberalismo lo busca fuera de Dios; y de este modo solo llega a falsificaciones de la libertad. Los liberales fueron los que en el pasado siglo rompieron con la Iglesia, maltrataron al Papa y quisieron edificar naciones sin contar con Cristo. Son hombres que desconocen la perversidad profunda del corazón humano, la necesidad de una redención, y en el fondo, el dominio universal de Dios sobre todas las cosas, como principio y fin de todas ellas, incluso las sociedades humanas.

Ellos son los que dicen: Hay que dejar libres a todos, sin ver que el que deja libre a un malhechor es cómplice del malhechor; --Hay que respetar todas las opiniones, sin ver que el que respeta las opiniones falsas es un falsario; -- La religión es un asunto privado, sin ver que siendo el hombre naturalmente social, si la religión no tiene nada que ver con lo social, entonces no sirve para nada, ni siquiera para lo privado.

Contra este pernicioso error, la Iglesia enarbola hoy la siguiente verdad de fe: Cristo es Rey por tres títulos, cada uno de ellos suficiente para conferirle un verdadero poder sobre los hombres. Es Rey por título de nacimiento, por ser Hijo verdadero de Dios Omnipotente, creador de todas las cosas; es Rey por título de mérito, por ser el Hombre más excelente que ha existido y que existirá; y es Rey por título de conquista, por haber salvado con su doctrina y con su sangre a la Humanidad de la esclavitud del pecado y del infierno.

Me diréis vosotros: eso está muy bien, pero es un ideal y no una realidad. Eso será en la otra vida o en un tiempo muy remoto de los nuestros; pero hoy día… Los que mandan hoy no son los mansos, como Cristo, sino los violentos; no son los pobres, sino los que tienen plata; no son los católicos, sino los masones.  Nadie hace caso al Papa, ese anciano vestido de blanco que no hace más que mandarse proclamas llenas de sabiduría, pero que nadie obedece. Y el mar de sangre en que se está revolviendo Europa, ¿concuerda acaso con ningún reinado de Cristo?

La respuesta a esta duda está en la respuesta de Cristo a Pilatos, cuando le preguntó dos veces si realmente se tenía por Rey. Mi reino no procede de este mundo. No es como los reinos temporales que se ganan y sustentan con la mentira y la violencia; y en todo caso aun cuando sean legítimos y rectos, tienen fines temporales y están mechados y limitados por la inevitable imperfección humana. Rey de verdad, de paz y de amor; mi Reino procedente de la Gracia reina invisiblemente en los corazones, y eso tiene más duración que los imperios. Mi reino no surge de aquí abajo, sino que baja de allí arriba; pero eso no quiere decir que sea una mera alegoría, o un reino invisible de espíritus. Digo que no es de aquí, pero no digo que no esté aquí. Digo que no es carnal, pero no digo que no es real. Digo que es reino de almas, pero no quiero decir reino de fantasmas, sino reino de hombres. No es indiferente aceptarlo o no, y es supremamente peligroso rebelarse contra él. Porque Europa se rebeló contra él en estos últimos tiempos, Europa y con ella el mundo todo se halla hoy día en un desorden que parece no tener   compostura,  y que sin Mí no tiene compostura…

Mis hermanos: porque Europa rechazó la reyecía de Jesucristo, actualmente no puede para en ella ni Rey ni Roque. Cuando Napoleón I, que fue uno de los varones (y el más grande de todos) que quisieron arreglar Europa sin contar con Jesucristo, se ciñó en Milán la corona de hierro de Carlomagno, cuentan que dijo estas palabras: Dios me la dio, nadie me la quitará. Palabras que no se aplican más que a Cristo. La corona de Cristo es más fuerte, es una corona de espinas. La púrpura real de Cristo no se destiñe, está bañada en sangre viva. Y la caña que le pusieron por burla en las manos, se convierte de tiempo en tiempo, cuando el mundo cree que puede volver a burlarse de Cristo, en un barrote de hierro. Et reges eos in virga férrea: Los regirás con vara de hierro…” +

PADRE LEONARDO CASTELLANI.

 

 

sábado, 17 de enero de 2026

 

 

DIAGNÓSTICO DE LA PARTIDOCRACIA EN ARGENTINA

NO HAY SOBERANÍA, NI JUSTICIA SOCIAL, NI INDEPENDENCIA ECONÓMICA. NO HAY PATRIOTISMO, 

NI HONESTIDAD, NI SINCERIDAD, NI VERGÜENZA, NI TRABAJO, NI PORVENIR PARA LOS JOVENES.

HAY IMFLACIÓN DESCONTROLADA, NEGOCIADOS, SINAGOGA, DROGAS, HAMBRE, DEUDA IMPAGABLE, PORNOGRAFÍA, INSEGURIDAD, DESEMPLEO CRECIENTE,

¡¡¡NO HAY PAREDÓN PARA LOS CORRUPTOS!!!

¡¡¡ESTO ES DEMOCRACIA LIBERAL MASÓNICA!!!

¡¡¡ESTA ES LA VERDAD POPULAR!!!

 

miércoles, 14 de enero de 2026

 

 

DEDICADO A LEÓN XIV, PAPA YANQUI,                                                               ¿OBSTÁCULO AL ANTICRISTO?

 

Contra Cianzas (primera parte)

Publicado el 28 de agosto de 2025 desde doncurzionitoglia

 

Benedicto XVI judaizando

por Don Curzio Nitoglia



 


INTRODUCCIÓN

La era actual es la de la charla. Una de ellas consiste en presentar a Benedicto XVI como el campeón de la ortodoxia católica. Para ello, deberíamos persistir en ignorar lo que el propio Joseph Ratzinger escribió desde la década de 1950 hasta 2023 , sin necesidad de  buscar, en su lugar, los artículos escritos por algunos ensayistas sobre Ratzinger.

 

Normalmente los escritos de Ratzinger nos hacen comprender de una manera mucho más fundada la naturaleza de su pensamiento que todos los ensayos que se han escrito sobre él. En una serie de artículos me basaré, como siempre lo he hecho hasta ahora, escritos por Ratzinger para demostrar, en blanco y negro, su heterodoxia.

 

“JUDÍOS Y CRISTIANOS” (2019)

 

Recientemente han surgido discusiones sobre el modernismo del Papa Bergoglio y el supuesto apego a la Tradición Apostólica de Benedicto XVI. En realidad, si estudiamos el tema, podemos deducir que Ratzinger –incluso poco tiempo antes de abandonar este mundo– mantuvo sus posiciones modernistas.

 

Para no aburrir al lector, me centro en un aspecto de su teología modernizadora que rompe con la Tradición: el de la relación entre el cristianismo y el judaísmo postbíblico.

 

El libro Judíos y Cristianos (Cinisello Balsamo, San Paolo, 2019) escrito por “el Papa/emérito” BENEDICTO XVI junto con el rabino jefe de Viena ARIE FOLGER, -- el cual es perniciosamente judaizante pero, de forma oculta para que pueda hacer más daño, como “la serpiente escondida en la hierba”, es más peligrosa que la claramente visible en medio de una carretera.

 

Partiendo del contenido doctrinal de este libro, es claramente evidente: 1°) que en el origen de la teología del Concilio Vaticano II está la doctrina judaizante de la Declaración Nostra Aetate, del 28 de octubre de 1965, que cabalísticamente allana el camino para el antropocentrismo que influye enla doctrina de los 16 Documentos Conciliares; 2°) que el Consejo Pastoral, la Declaración Conciliar Nostra Aetate y la enseñanza posconciliar, desde Pablo VI (1963-1978) hasta Francisco (2013-), están en ruptura o en oposición  contradiciendo la doctrina católica de dos mil años de antigüedad (desde Jesús hasta Pío XII), revelada por Dios, definida por el Magisterio dogmático y constante de la Iglesia, apoyada en la Tradición Apostólica/Patrística y en la enseñanza de los Doctores escolásticos desde Santo Tomás de Aquino hasta la primera mitad del siglo XX. Por tanto, resulta más que adecuado estudiar y refutar los principios enunciados en el citado volumen.

 

DIFERENCIAS ENTRE “JUDEO/CRISTIANOS” Y “JUDAIZANTES”

 

El término judeo/cristianismo se aplica –estrictamente hablando– a “cristianos nacidos judíos, quienes consideran que la Ley ceremonial del Antiguo Testamento no había sido derogada y por tanto entró en conflicto no sólo con San Pablo, sino con el cristianismo mismo” (1).

 

Mientras que la palabra judaizantes –etimológicamente– se refiere a “los gentiles convertidos al cristianismo, que imitaban las costumbres judías [...] y consideraban obligatoria la observancia, total o parcial, para salvarse, de la ley ceremonial mosaica, sin embargo –prácticamente – eran casi todos cristianos de sangre judía” (2).

 

En resumen, los judaizantes son en teoría los gentiles que se convierten al cristianismo, pero consideran necesarias las observancias ceremoniales judías; sin embargo, en la práctica casi todos son judíos. De hecho, sólo muy pocos gentiles que se convirtieron al Evangelio consideraron obligatoria la Ley ceremonial del Antiguo Testamento. Los judeocristianos, por otra parte, son judíos conversos de jure et de facto a Cristo, quienes consideran obligatoria la observancia del ceremonial judío. Por tanto –en la práctica– los dos grupos, aunque teóricamente distintos, coinciden sustancialmente.

 

Las afirmaciones de los judíos/cristianos y judaizantes se basaban –material y erróneamente– en las promesas hechas por Dios a Abraham y a los Patriarcas; en el hecho de que el Mesías, será nacido en la raza judía. Él establecería en la tierra un Reino temporal, que será el de Israel; que Cristo había venido a cumplir la Ley Social y Política del antiguo Israel. El judeo/cristianismo quería, por tanto, “rastrear el cristianismo después del judaísmo, pidiendo a los pueblos que se afiliaran – mediante la circuncisión [y la observancia de toda la Ley ceremonial, ed] – a la nación judía” (3).

Además, los gentiles que se convirtieron al cristianismo con la obligación de la observancia ceremonial judía habrían sido cristianos de segunda categoría en comparación con los judíos que se convirtieron al cristianismo, manteniendo la observancia del judaísmo ceremonial, con una inferioridad ontológica y no sólo con una posterioridad cronológica en el orden de la salvación.

 

La Iglesia de los Doce Apóstoles respondió entonces, inmediata y firmemente, a este escollo que hoy (sobre todo desde Nostra Aetate) regresa con fuerza a través de los hombres de la Iglesia, enseñando que: a)  el Bautismo del Centurión Romano Cornelio atestigua que un gentil entró, por orden de Dios, en la Iglesia sin pasar por la Sinagoga (Hechos, X). Por lo tanto, uno puede ser plenamente cristiano sin ser judío de sangre (judíos/cristianos) o incluso someterse a ceremonias judías (judaizantes). 

La antigua ley fue derogada, contrariamente a lo que afirmó Juan Pablo II en la sinagoga de Maguncia el 17 de noviembre de 1980. Finalmente, con Cristo caído el “muro de separación” (Ef., II, 14) entre judíos y gentiles, la Iglesia está abierta a todos, sin distinción ni raza; primates no los hay, ontológicamente hablando, “hermanos mayores o menores... en la fe de Abraham”, contrariamente a lo que dijo Juan Pablo II en el Tempio Maggiore de Roma el 13 de abril de 1986 y luego en la Iglesia de Gesù el 31 de diciembre de 1986 con motivo del Te Deum de finales de año; b) el Concilio de Jerusalén (Hechos XV; Gal., II, 1-10) reconoció la libertad de los gentiles de entrar en la Iglesia sin pasar por el judaísmo, basado en el bautismo de Cornelio; ni siquiera se habrían convertido en “hermanos menores”, es decir, no habrían tenido un rango ontológicamente secundario en la Iglesia; c) el incidente de Antioquía (Gal., II, 11-21) entre San Pedro y San Pablo nos enseña que los paganos son salvos sin la obligación de someterse a la Ley ceremonial: la fe y la caridad sobrenatural son suficientes. Incluso los judíos podrían haberse salvado mediante la fe y la caridad, mientras que la sangre o la raza judía no les habrían dado mayor dignidad ontológica. San Pablo enseña que “la circuncisión no es nada” (Gal., VI, 15) y que lo que salva es “la fe que actúa por caridad” (Gal., V, 6).

 

Así, el judeo/cristianismo fue rechazado fuera de la Iglesia, mientras que hoy, por los hombres de la Iglesia, incluso en el nivel más alto, se intenta traerlo de vuelta a ella con la teoría de “los hermanos mayores”, del “Pacto Antiguo nunca revocado”, de las “raíces judeo-cristianas de Europa”. Necesitamos mantener la guardia alta para no olvidar y para que el viejo error no vuelva a ocurrir. De hecho, unos cincuenta años de prejuicios son duros: la mayor “catástrofe” sería precisamente el retorno teológico del judeo/cristianismo o la “nueva/judaización”, que sustituiría a la evangelización. Por lo tanto, nunca debemos olvidar la doctrina apostólica y tampoco debemos volver a intentar toda forma de discriminación racial de los judaizantes que sería, como particularismo racista, un verdadero pecado contra Dios y toda la humanidad en nombre de una nación o de un pueblo.

 

San Pablo –en la Epístola a los Romanos– enseña que “el papel de Israel ya ha terminado. Dios, irritado por su conducta, lo ha abandonado. Llegará un tiempo en que un remanente de Israel será salvo. Ahora las promesas divinas pasan a los gentiles” (4).

 

JUDEO/CRISTIANISMO EN LA REVELACIÓN DIVINA.

 

La doctrina sobre el peligro del judeo/cristianismo se expone especialmente en las Epístolas de San Pablo. En su segundo viaje apostólico (hacia el año 50) llegó al norte de Galicia (con Ankara como capital). Al regresar allí tres años después, se dio cuenta de que aquellos a quienes había evangelizado en el primer encuentro “se dejaron engañar por fanáticos judeo-cristianos, abrazando las prácticas del judaísmo (circuncisión, etc.) como si fueran necesarios para la salvación” (5). Por tanto, de Éfeso (hacia el año 54) San Pablo – divinamente inspirado – les escribe, refutando los errores del judeo/cristianismo y de los judaizantes.

 

En la Epístola a los Gálatas el Apóstol de los gentiles enseña: «Me maravillo de que tan pronto os hayáis alejado de Aquel que os ha llamado a la gracia de Cristo, pasando a un “evangelio diferente”…, hay algunos que causan estragos entre vosotros y pretenden anular el Evangelio de Cristo. Ahora bien, incluso si un ángel os anuncia un “evangelio diferente” [Judaizing, ed.] de lo que nosotros mismos os hemos anunciado, ¡que sea anatema!”» (Yo, 6-8).

 

Los Padres, Doctores y exegetas aprobados en la Iglesia explican en este sentido el pasaje paulino: los judaizantes desertan y abandonan el Evangelio de Cristo, predicado por sus Apóstoles, adhiriendo a “otro evangelio” judaizante y judeocristiano en oposición al cristiano; es un “contra/evangelio”, ya que los judíos/cristianos de la “Sinagoga de Satanás” (Rev., II, 9; III, 9) tienen como objetivo pervertir el Evangelio de Cristo. El judeo/cristianismo quiere desertar o abandonar a Dios, que llama a los hombres en la gracia obtenida para nosotros por Cristo, con su Pasión y muerte, y sustituirlo por la observancia de antiguas ceremonias legales. La salvación, por otra parte, se obtiene sólo gracias a la fe (vivificada por la caridad) en Cristo.

Los judaizantes son blasfemos y condenados a la condenación: tal es, de hecho, el significado del anatema (v. 8) que equivale al herem judío, que designaba a los excomulgados como devotos de la perdición por razones religiosas. Ni siquiera un Ángel, un Apóstol o el propio San Pablo podría escapar de la condenación si predicaran el judeo/cristiano “contraevangelio” (v. 9), que desde Juan XXIII hasta el Papa Francisco fue predicado por hombres de la Iglesia, especialmente de Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Bergoglio. 

 

En el capítulo II de los versículos 3-4 de la Epístola a los Gálatas, el Apóstol de los Gentiles revela que alrededor del año 49/50 había ascendido al Concilio Apostólico de Jerusalén, junto con Tito, quien siendo griego, no fue circuncidado. Los judaizantes protestaron, pues consideraban intolerable la presencia de un hombre incircunciso en Jerusalén y en un Concilio y por eso pidieron que lo circuncidaran.

El Apóstol califica a los judaizantes como “falsos hermanos intrusos” (v. 4), [no “hermanos mayores en la fe”, ed] “que se habían infiltrado para espiar nuestra libertad, que tenemos en Jesucristo y nos hacemos esclavos” (v. 4). Su propósito era imponer la ley ceremonial judía como necesaria para la salvación, aboliendo la gracia santificadora que libera a uno del pecado, en Jesucristo. Los cristianos judaizantes creían más que en Cristo en el antiguo ceremonial mosaico, pero el antiguo ceremonial ahora –con el Adviento de Jesús– era incapaz de santificar; de hecho, fue incluso pecaminoso ya que observarlo implícitamente significaba confesar que Cristo no era suficiente para la salvación. De hecho, había sido reemplazada por la gracia de Cristo en virtud de Sus méritos. “Si la justificación proviene de la Ley Ceremonial, Jesús ciertamente murió en vano” (v. 21). El judeocristianismo (condenado por el Concilio de Jerusalén y respaldado por el Concilio Vaticano II) es la anulación radical y total del Sacrificio de Jesús en la Cruz y la gracia cristiana que de él se deriva, En resumen, es la apostasía y la destrucción del cristianismo apostólico. “Si os dejáis circuncidar, Cristo no os será de ninguna utilidad” (Gal., V, 2).

 

En la Segunda Epístola a los Corintios San Pablo especifica que los judaizantes son “falsos apóstoles, obreros fraudulentos y mentirosos, que se disfrazan de Apóstoles de Cristo, [cómo] el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” (II Cor., XI, 13-14). 
El judeo/cristianismo es la “contra/iglesia” o la “Sinagoga de Satanás” (Apocalipsis, II, 9; III, 9), que quiere robar la buena fe de los simples, con falso celo y virtud simulada (
6).

 

EL KATÉKON

 

Santo Tomás de Aquino, a diferencia del apocalíptico judío, en el Comentario a la II Epístola a los Tesalonicenses II, 3-4 (capítulo 2, lección 1, núm. 34-35) enseña: «Habrá apostasía del Imperio Romano, a lo que fue sometido el mundo entero [...]. El Imperio Romano se estableció para que, bajo su gobierno, la Fe fuera predicada en todo el mundo. [...]. El Imperio Romano no fracasó, sino que pasó de ser una tormenta a una tormenta espiritual. Por tanto hay que decir que la Apostasía del Imperio Romano debe entenderse no sólo desde la temporal, sino también y sobre todo desde la espiritual, es decir, desde la Fe Católica de la Iglesia Romana». 

 

Además, nuevamente en el Comentario a la Segunda Epístola a los Tesalonicenses (lección II, capítulo II, vv. 3-7, n. 32-45, Turín, Marietti, 1953, págs. 197-200), el Angélico afirma: «Cuando la iniquidad se haga pública, entonces el Anticristo se manifestará. De hecho, muchos ahora pecan en privado, mientras que otras veces lo hacen en público”.

Ahora bien, Dios tolera a los pecadores mientras estén ocultos, mientras que cuando pecan públicamente, ya no los tolera, como está claro para los sodomitas (Gén., XIX, 24)». Una vez más, para Tomás de Aquino, es la revuelta social y pública de las Naciones contra Cristo y su Iglesia la que elimina “el obstáculo”, dejando libre al Anticristo final.

 

Además, Aquino en el Folleto 68 De Antichristo (edición de Parma, 1864) también dice que “el obstáculo” o “a katékon / qui detineat” en la manifestación del Anticristo final está la sumisión de la sociedad civil a la Iglesia Romana y, por tanto, “quien la sostiene”, es decir “el katékon” es el Papado.

Por lo tanto, mientras la sociedad civil permanezca fiel y sumisa al Imperio espiritual romano (la Iglesia Católica), --transformación del antiguo Imperio temporal pagano romano--, el Anticristo no puede aparecer. En resumen para S. Tomás el Imperio Romano aún no ha terminado, pero ha pasado de ser una tormenta a una espiritual. Mientras el Papado sea reconocido, respetado incluso pública y socialmente, “el obstáculo” o “el katékon” exista, la sociedad civil permanecerá fiel al Imperio espiritual romano y a la fe católica. Pero si este guardián, el Papado y la Iglesia Romana, llega a ser repudiado, dejado de lado, rechazado por la sociedad civil, con él también desaparecerá “el obstáculo” o “él, que retiene al Anticristo”, quien entonces será libre de aparecer.

 

 En resumen, S. Thomas, basado en S. Pablo en la segunda carta a los Tesalonicenses, dice que “el obstáculo” al Reino del Anticristo es la sumisión de la sociedad civil a la Iglesia Romana y que “él, que sostiene /qui detineat” todavía al Anticristo, hasta que Jesús lo retire del camino “con el aliento de su boca”, es el Papado reconocido social y públicamente como tal, es decir, como Vicario y Representante Visible –en esta tierra– de Cristo, que ascendió al Cielo y es invisible para los hombres.

 

Finalmente Monseñor Francesco Spadafora, siguiendo a S. Tomás de Aquino, enseña que “el katékon”, o “el obstáculo” o “él que retiene /qui detineat” el Anticristo es “la antigua Roma con su poder, que respetaba el odio frenético de la Sinagoga contra el cristianismo apostólico”, sin embargo, “el paganismo del Imperio Romano, y particularmente el culto idolátrico que debía pagarse al Emperador como si hubiera sido una deidad (Apoc., XIII, 11-18; XIV, 9 y siguientes.; XVI, 2), encontró una oposición irreductible en el cristianismo” (Diccionario Bíblico, Roma, Studium, III ed., 1963, p. 33 y 36, entradas “Anticristo” y “Apocalipsis”).

 

NOTAS

 

1 – F. VERNET, en «Dictionnaire Apologétique de la Foi Catholique», París, Beauchesne, 1911, vol. II, col. 1654, entrada «Juifs et Chrétiens».
2 – Ibíd.
3 – Ibíd., col. 1655
4 – «DAFC», art. cit., col. 165 6.
5 – F. SPADAFORA, San Paolo: las cartas, Génova, Quadrivium, 1990, pág. 30.
6 – Los textos de los Padres pueden consultarse en: CORNELIUS A LAPIDE, Commentarii in Sacram Scripturam. Epistolas sancti Pauli Apostoli, Ámsterdam, 1681; ver también. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Super Epistolas Sancti Pauli Lectura, 2 vols., Turín, Marietti, 1951.

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jueves, 8 de enero de 2026

 

ARTE

DUODECIMA CLASE, DICTADA POR   EL

PADRE FRAY MARIO PETIT DE MURAT

Nos mostró cuadros de Rafael, el círculo central dentro de un óvalo. Los amarillos (¿en qué ambiente se vieron tales colores?) Todo es artificial, hermosísimo.

Nos hemos metido en el corazón mismo del arte. El artista es espíritu   recreativo, finísimo en percepción. Está bañado de inspiración desde que nace. Es un error pensar que tal cuadro es resultado de tal inspiración. Una obra maestra es conjunción de colores, formas… ¿Qué es lo que pone el artista en pasión creadora? La materia. El alma del artista está visitada día y noche. Percibe como nadie destellos de belleza, restos de la gran belleza del universo: en tal mirada, en tal línea, tal color, en el drama del vacío que eso dejó al ausentarse.

El artista ¿es criatura puramente receptiva: recibió esto y debe trasladarlo a la tela? Eso sería la muerte del arte. Parase delante de un árbol y copiarlo es la muerte del arte. En un retrato el artista recoge datos del modelo, pero lo termina dentro de sí. El modelo llega a estorbar en determinado momento. El parecido es sólo el primer paso de la obra, lo esencial es el alma. El artista tratará al modelo, buscará su carácter, que se traduce en aquel ademán, en aquel tic que precisamente no aparece cuando está en pose y un día surge el cuadro ¿Dónde estaba el Caballero del guante verde del Ticiano y el Caballero del guante del Greco? Es algo genial, con dos colores: es como una sinfonía de Beethoven.

El verdadero artista ve nuestros rasgos como jamás los vimos nosotros. Al dibujar descubre trazos que nosotros jamás notamos, la relación entre la boca, los ojos y la nariz. El arte murió cuando el artista se limita a copiar el modelo.  La obra tiene que existir en el artista ante todo.  Los asirios fueron los más grandes artistas respecto a los animales: jamás fueron superados. Los hacían en momentos de lucha, de agonía. Los hicieron con una realidad de movimiento maravillosa, pero analizando su obra se ve que todo es estudiado y medido, llegaron a la conjunción única de tres elementos: el universo, la materia y el alma del artista: cuando aquello se hizo espíritu de su espíritu, cuando brota como palabra suya como brotó todo de Dios.

Un cuadro que es un retrato no es el alma del modelo sino el retrato de tal persona más el espíritu del artista. El retrato del Cardenal hecho por Velázquez es el Cardenal más Velázquez. Si lo toma Goya o Rafael hacen algo completamente distinto y es el mismo Cardenal. La obra de arte brota del fondo del alma del artista. La inspiración es algo profundo, hondo, que se fue plasmando en su alma.

¿Qué jerarquía tienen los elementos que integran una obra de arte? ,- la inspiración: lo que la motiva, le da su razón de ser: lo que es el alma para el cuerpo: .-la ejecución: que sea fiel a esa inspiración y la realice. Un artista puede tener gran inspiración y no tener técnica adecuada, llega a esta r en una verdadera angustia. Otros: Spilimbergo, frío, sin alma, tiene mucha técnica pero no inspiración: no tiene nada que decir. En grande está en el mismo caso Picasso: es mago o demonio. Fue niño prodigio. A los 19 años ya figuraba en los salones de París con dibujos acabados, extraordinarios. Su problema es que no tiene alma.  Conoce todo lo que ha adquirido, pero su obra no tiene unidad. Van Gogo está henchido, la pintura para él es un frenesí: a veces hacía tres cuadros en un día: ¡la armonía, la música de esos paisajes! Descubre luces maravillosas en los cielos: ¡esas estrellas rutilantes! Algo hermosísimo. Picasso hace muy bien lo que hace Van Gogh, pero mejor lo hace Van Gogh. Hace muy bien cubismo, pero mejor lo hace Barnd. Hace muy bien surrealismo, pero otros colocan en él la pasión que a él le falta.

Lo esencial en una obra de arte es la inspiración, pero no lo es todo. La inspiración es algo confuso, muy vasto. La cosa tremenda, el punto dramático, es como llevar eso a la materia. ¡Qué distancia entre la inspiración y esos pomos de colores! Es la parte ardua del artista.

El que se  dedica a una copia visual de la realidad está distante de la realidad y  el romántico que cree que basta la inspiración, está distante de la obra, volcó su atención en lo que lo aleja de la obra, hace mimetismo, copia de sus pasiones (esto se ve sobre todo en la música): no crea obra bella sino que trata de expresar sus pasiones y de provocarlas en sus oyentes. La obra de arte en sí no existe.

Repasando: tres realidades que se conjugan: universo, materia y artista. Las tres activas forman una unidad se funden en el alma del artista y la obra es una sola cosa. Lo sustancial es la inspiración: esto echa abajo la escuela de los copistas. Tampoco, como dicen los románticos, basta la inspiración. Son necesarias las leyes que armonicen el mundo de la inspiración con la materia. *

(CONTINUARÁ)

 

ARTE

 CLASE nº 13 Y ÚLTIMA, DICTADA POR EL PADRE             FRAY MARIO PETIT DE MURAT O.P.

[…] No hay arte plástico religioso antes de Cristo.

Ese artista que se guarda en el Palacio Ludocici (Afrodita saliendo de las aguas) es algo admirable, obra maestra del arte arcaico griego. La inspiración del artista es el nacimiento de una diosa. Para el hombre vulgar es una mujer que representa la fecundidad, pero para los espíritus elevados la fecundidad no puede plasmarse en una mujer: es el símbolo de la fecundidad de la naturaleza, como Palatenea es el símbolo de la inteligencia, pero de la inteligencia como fuerza de la naturaleza.

Ese trono Ludovici es obra maravillosa del arte humano, tiene algo de re….., es la flor más fragante de la virginidad, son las dos doncellas que asisten al nacimiento de Afrodita. Ella está como naciendo, deslumbrada, parece una azucena, y todo se resuelven un delineamiento simétrico. Las doncellas continúan la composición formando con los pliegues de su túnica como ondas de manantial donde nace Afrodita. Los griegos casi siempre hacen nacer a la mujer de las ondas de las aguas, sus pliegues se aprovechan para dar movimiento de mar. Todo está en esa frescura de cosa nueva, el agua, todo. ¿Qué tiene que ver esta Afrodita con las diosas de la corrupción de los tiempos postreros delos griegos? Nada.

Afrodita es una doncella. El artista comprendió lo que es la cosa intocada, virginal, pero no hay inspiración religiosa. Otro ejemplo: el Moscóforo llevando un becerro sobre sus hombros, una de esas joyas que uno no se cansa de admirar: es la transición entre el dibujismo fenicio y la blancura ática. No es de inspiración religiosa. El artista sólo quiso hacer un hombre con un becerro, nadie puede negar que es inspiración humana. No hay diferencia de inspiración con la Afrodita.  Comparemos estas obras con el San Juan de la puerta de Chartres. Es de una vehemencia maravillosa.

Vayamos a la India. Representa a las sacerdotisas que eran bacantes, mujeres de culto orgíaco, danzarinas y de las peores, bien exaltado todo lo que puede ser carnal. Son más elevados los temas netamente humanos de los Hindúes que los de las Pagodas, donde encontramos barroquismo, monstruos, la carne y la tierra exaltadas, como pirámides recubiertas de estatuas abominables: las sacerdotisas, el elefante blanco, el dios con  cuatro pares de brazos.

En Chima, nada que diga algo de la inspiración del hombre a lo elevado. Que hable de lo espiritual, seres pavorosos, Budas que no tienen nombre, el hedonismo chino (complacencia en los placeres de la carne) en todo. Por más que se escrute y se busque, no se ve arte religioso. Así que vemos que más de una vez, el tema es un pretexto.

 El más religioso es el gran Fidias que hizo Elefantina (Palateneas) recubierto de oro, los ojos esmeraldas,  la carne en marfil. Luego se hace la competencia a sí mismo. Cuando lo echaron de Atenas y tuvo que dejar el Partenón fue a cumplir lo que le pedían de Olimpia Hizo un Zeus también de oro y marfil, de 12m. sentado, el pedestal de mármol con fondo verde; la cabeza es de verdadera piedad paternal, tiene expresión de blandura y majestad. Fidias  imaginó un dios piadoso, tuvo como una visión de piedad por la elevación de su espíritu.

Hasta ese momento nadie había imaginado a Zeus como padre. Hay in atisbo de religión natural, pero pocas veces se encuentra esto entre los dioses. La Venus de Milo (Afrodita) ¿qué sugiere? La mujer en cuanto mujer, nobleza, castidad pero nada celestial que no pueda encontrarse en el ser humano. El Doríforo, atleta, tan majestuoso como la Venus. Sin embargo el artista no se propuso hacer nada religioso sino humano. Forma con la Venus una pareja espléndida, es el ser humano total.

Otra cosa, la arquitectura griega tan espléndida no hace una morada sino es nada más que para dar un ambiente a su dios, de lo más simple. No tiene por destino albergar al ser humano, es bello, circular, se cierra en sí mismo, es una obra en semejanza del ….., todas sus partes se equilibran y encuentran reposo en sí mismo. Es circular, se cierra en sí mismo, tiene su bien en sí, no es algo que llame y aspire. En el Partenón, la obra más lograda en ese sentido, se siente el reposo de una obra cumplida, da reposo. Su composición se apoya en el 8 que es el …. cumplido.

Dejemos las artes plásticas. Las hemos recorrido y vemos que no hace falta una inspiración religiosa para hacer una obra de arte. Con los efluvios que le llegan del universo y del alma, tiene el artista suficiente para realizarlas.

Pasemos a la literatura. La literatura, como la música, es un arte dinámica, de movimiento, de búsqueda. Ahí el huérfano puede llamar a Dios, puede expresar la ausencia de lo que se ama. Hay trozos magníficos entre los hindúes, los chinos, los filósofos griegos (Platón).

La literatura y la música pueden expresar cosas abstractas, esas nostalgias. En cambio las artes plásticas necesitan imágenes y ¿¿qué líneas? ¿qué figuras iban a das a Dios? Sólo conocían a Dios como espíritu puro no podrían representarlo Los otros hacían quimeras que nada tenían de Dios. ES como cuando nosotros queremos representar a Dios Padre, ¡resultan imágenes que tan lejos están de Dios! Sólo podemos hacerlo para la gente ruda, pero una persona de espíritu algo elevado ya no las tolera . La inspiración no se puede volcar, como no se puede hacer la noche, menos un espíritu purísimo.

Artes plásticas religiosas hay sólo donde la Encarnación del Verbo, la reconciliación del hombre con el mundo sensible. El arte plástico ya puede nombrarlo. +

FIN DE LAS CLASES.