CRISTO
REY
Párrafos del libro
¿”CRISTO VUELVE O NO VUELVE?, del Padre Leonardo Castellani, escritos contra el
error liberal de recluir el catolicismo a una función solo privada; y
explicando que “siendo el hombre naturalmente social,
si la religión no tiene nada que ver con lo social, entonces no sirve para
nada, ni siquiera para lo privado”. Gran palo para todos los clérigos, de arriba abajo ”del no te metás”, por
miedo a disgustar a los amos.
Se entiende que
Cristo es y debe ser Rey de los hombres y de las naciones; pero hay cuestiones
que no son tan claras, y por eso muchos se preguntan: ¿Cómo será Rey? ¿Cómo gobernará?
¿Su gobierno será monárquico? ¿Con qué partido? En fin, que uno se lo imagina
sentado en el sillón presidencial del que te dije ¡¡¡que Dios me perdone!!!, como
si fuese un gobernador mundano. Y no es así. A continuación la clara
explicación del Padre Castellani:
*
El año 1925 accediendo a una solicitud firmada por más de
ochocientos obispos, el Papa Pío XI instituyó para toda la Iglesia la
festividad de Cristo Rey, fijada en el último domingo del mes de octubre. Esta
nueva invocación de Cristo, nueva y sin embargo tan antigua como la Iglesia,
tuvo pronto sus mártires, en la persecución que la masonería y el judaísmo
desataron en Méjico, con la ayuda de un imperialismo extranjero [blog: EEUU]:
sacerdotes, soldados, jóvenes de Acción Católica y aún mujeres que murieron al
grito de ¡Viva Cristo Rey!
Esta proclamación del poder de Cristo sobre las naciones
se hacía contra el llamado liberalismo. El liberalismo es una peligrosa herejía moderna que proclama la libertad y toma su nombre de ella. La
libertad es un gran bien, que como todos los grandes bienes, solo Dios puede
dar: y el liberalismo lo busca fuera de Dios; y de este modo solo llega a
falsificaciones de la libertad. Los liberales fueron los que en el pasado siglo
rompieron con la Iglesia, maltrataron al Papa y quisieron edificar naciones sin
contar con Cristo. Son hombres que desconocen la perversidad profunda del
corazón humano, la necesidad de una redención, y en el fondo, el dominio
universal de Dios sobre todas las cosas, como principio y fin de todas ellas,
incluso las sociedades humanas.
Ellos son los que dicen: Hay que dejar libres a todos, sin ver que el que deja libre a un
malhechor es cómplice del malhechor; --Hay
que respetar todas las opiniones, sin ver que el que respeta las opiniones
falsas es un falsario; -- La religión es un asunto privado, sin ver que siendo
el hombre naturalmente social, si la religión no tiene nada que ver con lo
social, entonces no sirve para nada, ni siquiera para lo privado.
Contra este pernicioso error, la Iglesia enarbola hoy la
siguiente verdad de fe: Cristo es Rey por tres títulos, cada uno de ellos
suficiente para conferirle un verdadero poder sobre los hombres. Es Rey por
título de nacimiento, por ser Hijo verdadero de Dios Omnipotente, creador de
todas las cosas; es Rey por título de mérito, por ser el Hombre más excelente
que ha existido y que existirá; y es Rey por título de conquista, por haber
salvado con su doctrina y con su sangre a la Humanidad de la esclavitud del
pecado y del infierno.
Me diréis vosotros: eso está muy bien, pero es un ideal y
no una realidad. Eso será en la otra vida o en un tiempo muy remoto de los
nuestros; pero hoy día… Los que mandan hoy no son los mansos, como Cristo, sino
los violentos; no son los pobres, sino los que tienen plata; no son los
católicos, sino los masones. Nadie hace
caso al Papa, ese anciano vestido de blanco que no hace más que mandarse proclamas
llenas de sabiduría, pero que nadie obedece. Y el mar de sangre en que se está
revolviendo Europa, ¿concuerda acaso con ningún reinado de Cristo?
La respuesta a esta duda está en la respuesta de Cristo a
Pilatos, cuando le preguntó dos veces si realmente se tenía por Rey. Mi
reino no procede de este mundo. No es como los reinos temporales que se
ganan y sustentan con la mentira y la violencia; y en todo caso aun cuando sean
legítimos y rectos, tienen fines temporales y están mechados y limitados por la
inevitable imperfección humana. Rey de verdad, de paz y de amor; mi Reino
procedente de la Gracia reina invisiblemente en los corazones, y eso tiene más duración
que los imperios. Mi reino no surge de aquí abajo, sino que baja de allí
arriba; pero eso no quiere decir que sea una mera alegoría, o un reino
invisible de espíritus. Digo que no es de aquí, pero no digo que no esté aquí.
Digo que no es carnal, pero no digo que no es real. Digo que es reino de almas,
pero no quiero decir reino de fantasmas, sino reino de hombres. No es indiferente
aceptarlo o no, y es supremamente peligroso rebelarse contra él. Porque Europa
se rebeló contra él en estos últimos tiempos, Europa y con ella el mundo todo se
halla hoy día en un desorden que parece no tener compostura,
y que sin Mí no tiene compostura…
Mis hermanos: porque Europa rechazó la reyecía de
Jesucristo, actualmente no puede para en ella ni Rey ni Roque. Cuando Napoleón
I, que fue uno de los varones (y el más grande de todos) que quisieron arreglar
Europa sin contar con Jesucristo, se ciñó en Milán la corona de hierro de
Carlomagno, cuentan que dijo estas palabras: Dios me la dio, nadie me la quitará. Palabras que no se aplican más
que a Cristo. La corona de Cristo es más fuerte, es una corona de espinas. La
púrpura real de Cristo no se destiñe, está bañada en sangre viva. Y la caña que
le pusieron por burla en las manos, se convierte de tiempo en tiempo, cuando el
mundo cree que puede volver a burlarse de Cristo, en un barrote de hierro. Et reges eos in virga férrea: Los
regirás con vara de hierro…” +
PADRE LEONARDO
CASTELLANI.
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