sábado, 31 de enero de 2026

 

 CRISTO REY

Párrafos del libro ¿”CRISTO VUELVE O NO VUELVE?, del Padre Leonardo Castellani, escritos contra el error liberal de recluir el catolicismo a una función solo privada; y explicando que “siendo el hombre naturalmente social, si la religión no tiene nada que ver con lo social, entonces no sirve para nada, ni siquiera para lo privado”. Gran palo para todos los clérigos, de arriba abajo ”del no te metás”, por miedo a disgustar a los amos.

Se entiende que Cristo es y debe ser Rey de los hombres y de las naciones; pero hay cuestiones que no son tan claras, y por eso muchos se preguntan: ¿Cómo será Rey? ¿Cómo gobernará? ¿Su gobierno será monárquico? ¿Con qué partido? En fin, que uno se lo imagina sentado en el sillón presidencial del que te dije ¡¡¡que Dios me perdone!!!, como si fuese un gobernador mundano. Y no es así. A continuación la clara explicación del Padre Castellani:

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El año 1925 accediendo a una solicitud firmada por más de ochocientos obispos, el Papa Pío XI instituyó para toda la Iglesia la festividad de Cristo Rey, fijada en el último domingo del mes de octubre. Esta nueva invocación de Cristo, nueva y sin embargo tan antigua como la Iglesia, tuvo pronto sus mártires, en la persecución que la masonería y el judaísmo desataron en Méjico, con la ayuda de un imperialismo extranjero [blog: EEUU]: sacerdotes, soldados, jóvenes de Acción Católica y aún mujeres que murieron al grito de ¡Viva Cristo Rey!

Esta proclamación del poder de Cristo sobre las naciones se hacía contra el llamado liberalismo. El liberalismo es una peligrosa herejía moderna que proclama la libertad y toma su nombre de ella. La libertad es un gran bien, que como todos los grandes bienes, solo Dios puede dar: y el liberalismo lo busca fuera de Dios; y de este modo solo llega a falsificaciones de la libertad. Los liberales fueron los que en el pasado siglo rompieron con la Iglesia, maltrataron al Papa y quisieron edificar naciones sin contar con Cristo. Son hombres que desconocen la perversidad profunda del corazón humano, la necesidad de una redención, y en el fondo, el dominio universal de Dios sobre todas las cosas, como principio y fin de todas ellas, incluso las sociedades humanas.

Ellos son los que dicen: Hay que dejar libres a todos, sin ver que el que deja libre a un malhechor es cómplice del malhechor; --Hay que respetar todas las opiniones, sin ver que el que respeta las opiniones falsas es un falsario; -- La religión es un asunto privado, sin ver que siendo el hombre naturalmente social, si la religión no tiene nada que ver con lo social, entonces no sirve para nada, ni siquiera para lo privado.

Contra este pernicioso error, la Iglesia enarbola hoy la siguiente verdad de fe: Cristo es Rey por tres títulos, cada uno de ellos suficiente para conferirle un verdadero poder sobre los hombres. Es Rey por título de nacimiento, por ser Hijo verdadero de Dios Omnipotente, creador de todas las cosas; es Rey por título de mérito, por ser el Hombre más excelente que ha existido y que existirá; y es Rey por título de conquista, por haber salvado con su doctrina y con su sangre a la Humanidad de la esclavitud del pecado y del infierno.

Me diréis vosotros: eso está muy bien, pero es un ideal y no una realidad. Eso será en la otra vida o en un tiempo muy remoto de los nuestros; pero hoy día… Los que mandan hoy no son los mansos, como Cristo, sino los violentos; no son los pobres, sino los que tienen plata; no son los católicos, sino los masones.  Nadie hace caso al Papa, ese anciano vestido de blanco que no hace más que mandarse proclamas llenas de sabiduría, pero que nadie obedece. Y el mar de sangre en que se está revolviendo Europa, ¿concuerda acaso con ningún reinado de Cristo?

La respuesta a esta duda está en la respuesta de Cristo a Pilatos, cuando le preguntó dos veces si realmente se tenía por Rey. Mi reino no procede de este mundo. No es como los reinos temporales que se ganan y sustentan con la mentira y la violencia; y en todo caso aun cuando sean legítimos y rectos, tienen fines temporales y están mechados y limitados por la inevitable imperfección humana. Rey de verdad, de paz y de amor; mi Reino procedente de la Gracia reina invisiblemente en los corazones, y eso tiene más duración que los imperios. Mi reino no surge de aquí abajo, sino que baja de allí arriba; pero eso no quiere decir que sea una mera alegoría, o un reino invisible de espíritus. Digo que no es de aquí, pero no digo que no esté aquí. Digo que no es carnal, pero no digo que no es real. Digo que es reino de almas, pero no quiero decir reino de fantasmas, sino reino de hombres. No es indiferente aceptarlo o no, y es supremamente peligroso rebelarse contra él. Porque Europa se rebeló contra él en estos últimos tiempos, Europa y con ella el mundo todo se halla hoy día en un desorden que parece no tener   compostura,  y que sin Mí no tiene compostura…

Mis hermanos: porque Europa rechazó la reyecía de Jesucristo, actualmente no puede para en ella ni Rey ni Roque. Cuando Napoleón I, que fue uno de los varones (y el más grande de todos) que quisieron arreglar Europa sin contar con Jesucristo, se ciñó en Milán la corona de hierro de Carlomagno, cuentan que dijo estas palabras: Dios me la dio, nadie me la quitará. Palabras que no se aplican más que a Cristo. La corona de Cristo es más fuerte, es una corona de espinas. La púrpura real de Cristo no se destiñe, está bañada en sangre viva. Y la caña que le pusieron por burla en las manos, se convierte de tiempo en tiempo, cuando el mundo cree que puede volver a burlarse de Cristo, en un barrote de hierro. Et reges eos in virga férrea: Los regirás con vara de hierro…” +

PADRE LEONARDO CASTELLANI.

 

 

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