¿Porqué nos roban las Malvinas?
LA SOBERBIA PREPOTENTE Y AGRESIVA DE LOS PIRATAS INGLESES,
QUE USURPARON Y OCUPAN LAS MALVINAS, PARA IMPONERNOS A NOSOTROS, Y MANIFESTAR AL
MUNDO ENTERO, QUE ELLOS SON LOS AMOS, Y NUESTRO PAÍS UNA FACTORÍA ANGLOSAJONA,
CONCIENTEMENTE ACEPTADA POR EL RÉGIMEN MASÓNICO, IMPOTENTE Y ABÚLICO, QUE NOS
AVERGUENZA Y HUMILLA. IMPIDIÉNDONOS
LUCHAR POR NUESTRO DESTINO HISTÓRICO DE NACIÓN SOBERANA.
RAMÓN DOLL
NUESTRO
ENVILECIMIENTO
Dejemos ya toda comparación y paralelo [entre Usa y
Argentina]. y marquemos con tintas crudas el contraste entre la geografía económica
y étnica que nos había deparado el destino y la miseranda situación de nación
pobre, con que una confabulación implacable y extranjera estranguló la nacionalidad.
Pues hemos despertado de un sueño de prosperidad ficticia; y las actuales
generaciones han llegado a la desgraciada comprobación de que los tesoros, las
praderas, las selvas, los pájaros y los peces, todo fue entregado a un puñado
de judíos y de ingleses. La carne y el cereal son cambiados en el extranjero
por chirimbolos de ferretería, y en último caso tres o cuatro firmas y diez o
veinte estancieros afortunados se benefician con la exportación. Todas las
fuentes de energías argentinas son dirigidas por grupos de capitalistas de
Londres, de París o de Bruselas; y alguna producción autóctona, como el azúcar,
el vino o la yerba, está controlado por el interés financiero. Ni siquiera se ha constituido una clase
industrial argentina, todo lo privilegiadas que se quiera, pero que por lo
menos fuese argentina. No necesito, pues, exponer en un artículo lo que todos
saben-, y es la triste existencia de la población criolla que trabaja y que
produce en el Norte, en Cuyo, en el Litoral mismo, frente a los magnates
bancarios, ferroviarios, de la electricidad, del teléfono, que ni siquiera
residen en el país y que en estos momentos inventarían nuestros bienes en las
mesas de las cancillerías europeas, como probables valores de cambio a
negociarse mañana en una nueva paz de bandidos como la de Versalles.
Pues bien, es cierto que para nuestros amos ésta no es
una Patria, sino una factoría donde los gerentes traspasan la mercadería de
mano en mano después de haber abonado el marfil a los nativos con cuentas de
vidrio o con espejos.
EL
CAPITALISMO TIENE UNA INTENCIÓN POLÍTICA.
Pues bien, dando por conocida ya ampliamente la
envilecida situación de colonia en que ha caído la Argentina, lo que interesa
es aclarar en todo su alcance cual es exactamente la subordinación que sufrimos
los argentinos respecto al capital y dominio británicos.
Si se tiene en cuenta las razones porqué el imperio de
John Bull y de Judá no podían cometer la estupidez de dejar que se levantara
una nación guerrera y poderosa de cultura latina y de fe católica, ya puede
comprenderse por que el capital inglés no podría venir a la Argentina
simplemente a sacar su interés en la inversión, cobrar sus anticipos,
amortizarlo después y terminar en un ciclo breve su cometido.
Si así hubiera sido el asunto, sería muy fácil y
francamente no habría necesidad de pronunciar las grandes palabras ni de
denunciar esa dependencia económica como colonial y opresora. Todo el programa
del Nacionalismo estribaría en una paulatina y evolutiva expropiación de
servicios públicos y un cierre discrecional ante nuevas expansiones. Se podría
decir irónicamente del Nacionalismo que no valía la pena de crear una mística,
de arrojar el baldón de la traición sobre los entregadores de la Nación y hasta
de provocar una guerra civil en el país, nada más que para recortarle las uñas
al buitre capitalista o para tomar medidas legislativas tendientes a eliminarlo
de la nación.
Estarían profundamente equivocados los que así arguyeran.
El imperialismo anglojudeomasón en la Argentina no es un caso de física
económica; es el instrumento inteligente, previsor, intencionado, de la
política inglesa, que a su vez lo es de las fuerzas que actualmente están en
posesión de la mayor parte de las riquezas del mundo.
El capitalismo británico no es sólo un hecho económico,
sino que está acoplado a una voluntad política de hegemonía y de opresión que
lo trasciende comprometiendo nuestra soberanía, inhibiendo las aptitudes del
Estado argentino y paralizando su natural desarrollo. Por eso es imperialista y
no por la mera circunstancia de que se trasvase de un país a otro.
El hecho de que los vendedores de manufactura de un país
industrial como Inglaterra vengan a la Argentina a buscar clientela para
colocar vagones de ferrocarril con el nombre de coches de primera aunque en
Londres hayan servido de perreras, es un hecho demasiado simple para llamarlo
imperialista; y aparte de que los recursos de un mueblero charlatán no pueden
engañar más que una vez, la ventaja sórdida que supone no entraña peligro
alguno para la nación compradora.
Tampoco puede llamarse enfáticamente imperialismo al hecho
normal de que un grupo de capitalistas lleve dinero a otro país y construya
allí obras públicas o explote minerales. Eso ocurre y ha ocurrido en todas
partes del mundo, sin que la soberanía del país donde se introduzcan capitales
extranjeros sufra desmedro alguno.
EL
CAPITALISMO INGLÉS ES POLÍTICO