domingo, 22 de febrero de 2026

 

sí sí nó nó

REVISTA CATÓLICA ANTIMODERNISTA

Enero  2012

ALGUNAS FUERZAS OCULTAS QUE MANIPULARON EL VATICANO II

“Pío IX decía, en tiempos del Concilio Vaticano I, que el Concilio lo hacían el Espíritu Santo, los hombres y el diablo. Yo veo (…) en ciertas ambigüedades litúrgicas y disciplinares (…), en el pluralismo teológico (…) la presencia del “inimicus homo”, la obra de Satanás, es decir de uno de los tres personajes que trabajaron en el Vaticano II”, (Padre Gabriele Allegra, Ideo multum tenemur Ei).

[A continuación trae párrafos –que no copio, pues se pueden leer en el libro del Profeta Ezequiel: relativos al “exterminio sagrado” de Yavé  ( Leer: Ez. 9,1 y ss.).

EL MODERNISMO, “SOCIEDAD SECRETA”, Y SU REVIVISCENCIA.

Les explicaba San Pío X a los obispos, en el Motu Propio Sacrorum Antistitum, del 1ºde septiembre de 1910, después de ratificar la condena del modernismo como “cloaca de todas las herejías” (Encíclica Pascendi, del 8 de septiembre de 1907) que el movimiento modernista difería de todos los movimientos heterodoxos que habían atravesado la historia de la Iglesia y se asemejaba a uno sólo, el gnosticismo del siglo II. Porque, al igual que éste, quería cambiar desde dentro, al decir del Papa, tanto la Iglesia como el cristianismo y volverlos un mero conocimiento filosófico panteísta (“gnosis”).

El gnosticismo había sido debelado por los Padres de la Iglesia; el modernismo, en cambio, aun cuando fue golpeado con dureza por la  Pascendi, se amadrigó en las entrañas de la Iglesia: los modernistas se ocultaron o se pusieron en “hibernación” para poder cambiar a la Iglesia romana a escondidas. El Papa Sarto escribía lo siguiente en el motu propio susomentado: “Los modernistas aun después de que la encíclica Pascendi Dominici Gregis  les arrancara la máscara, no han cejado en su propósito de turbar la paz de la Iglesia. En efecto, no han dejado de buscar nuevos adeptos y de congregarlos en una sociedad secreta (foedus clandestinum). (…) Son adversarios tanto más temibles cuanto más cercanos”.

La existencia de esta secta modernista en el seno de la Iglesia la confirman los propios modernistas. Citemos, por limitarnos a un ejemplo, lo que escribía Albert Houtin, quien afirmaba que el auténtico modernista, aunque perdiera la fe por completo, no tendría que salirse de la Iglesia por ello, a diferencia de los herejes clásicos, sino que debería permanecer en ella lo más posible para inocular la nueva doctrina en sus venas y transformarla desde dentro : “Ningún verdadero modernista, ya sea laico o sacerdote, puede dejar la Iglesia o colgar los hábitos, porque si lo hiciera dejaría de ser, en ese mismo momento, un modernista auténtico” (1).

Así que el secretismo es connatural al modernismo, el cual, a fin de poder mudar la doctrina de la Iglesia mediante el subjetivismo y el relativismo de la filosofía moderna, no vaciló en constituirse en sociedad secreta para minar a aquella como un tumor maligno, sin que se le pudiera expulsar o desarraigar del cuerpo sano de la Esposa de Cristo. En efecto, mientras uno no se da cuenta de que tiene un cáncer, éste puede diseminar sus metástasis por todo el organismo, con lo que se vuelve imposible toda amputación y cualquier tipo de cura, y lleva a la disolución completa del cuerpo enfermo.

El modernismo clásico –el condenado por San Pío X—fingió desaparecer para reaparecer con toda su virulencia en torno a los años cuarenta hasta que fue condenado por Pío XII como neomodernismo en la encíclica Humanii Generis (12 de agosto de 1950). Su virulencia fue tal que, comparado con él, escribió Jaques Maritain, el modernismo condenado por San Pío X parecía sólo “una modesta rinitis alérgica”.

Nótese que el sectarismo caracteriza, asimismo o, además de al gnosticismo antiguo, a la masonería (R.Espópsito: “La riconciliazione tra la Chiesa e la Masoneria”; sí sí nó nó, nº 111) y al judaísmo talmúdico (sí sí nó nó, abril 2009 ed. en italiano).

LA SHOAH Y NOSTRA AETATE

Ya estudiamos antes la génesis de Nostra Aetate (sí sí nó nó 2/2008 ed. ital.).  Añadamos ahora tan sólo, para no aburrir al lector, que el Cardenal Agustino Bea, a quien Juan XXIII le había encargado la redacción de dicha declaración conciliar, lo había “enganchado” al rabino jefe de  Roma Elio Toaff, en el  Pontificio Instituto Bíblico, al comienzo de la década del cincuenta. Este rabino fue el que más tarde, en 1986, recibió a Juan Pablo II  en la sinagoga de Roma, en la que el papa Woijtyla llamó “hermanos mayores en la fe de Abrahán” a los judíos postbíblicos , que no creen en Cristo y niegan el misterio de la Santísima Trinidad, a diferencia de Abrahán, que se “regocijó” ante el pensamiento de ver a Nuestro Señor Jesucristo y, en virtud de una ilustración divina, lo vio  y “se alegró” por ello (Jn. 8/56).

Toaff escribe: “Nuestro conocimiento [el que se daba entre él y Bea] se transformó muy pronto en amistad, y un día monseñor Bea me confió que , al ser alemán de nacimiento, sentía todo el peso del daño que su pueblo había infringido a los judíos y quería hacer algo para repararlo. Le vino la idea de un concilio ecuménico en el cual se debería aprobar un documento sobre los judíos”.  (Toaff “Pérfidos judíos- Hermanos mayores”).

Como se ve la shoah desempeñó objetiva e históricamente, desde la década de los cincuenta, un papel decisivo en la revolución de la teología católica respecto al judaísmo postcristiano; lo siguió desempeñando en 1965 durante el concilio y, por último, en el postconcilio, bajo los pontificados de Juan Pablo II (“la antigua alianza jamás revocada”, Maguncia, 1980; “hermanos mayores en la fe de Abrahán, Roma 1986) y de Benedicto XVI (obligación de  profesar la vulgata exterminacionista sobre la shoah, so pena de exclusión de la Iglesia, Roma 2009; los judíos padres en la fe de los cristianos, ”Luz del mundo”  2010), por no hablar de las vergonzosas Ayudas para una presentación correcta del judaísmo, de 1985, en que, en aras de la apología del judaísmo farisaico, se llega a negar la historicidad de los evangelios, como que se afirma que Jesús no pronunció nunca las severas condenas que  figuran en los mismos, y se  atribuyen éstas a una “invención” fabulada por los evangelistas cuando la Iglesia naciente y la sinagoga entraron en conflicto (sí sí nó nó agosto 1985, ed. ital.).

Quien no comprenda o finja no comprender  (porque ha decidido subirse al carro de la judaización vencedora a fin de tener “una buena posición”), el papel eminentemente “teológico” y disolutorio  del holocausto de Cristo que desempeña la shoah, se dispone a recorrer la misma senda de Bea, Roncalli, Wojtyla y Ratzinger en la judaización de la teología católica, una senda que lleva derecho a  la apostasía respecto de Cristo , redentor único de la humanidad y, por ende, redentor asimismo de esos judíos que se lisonjean en vano de poder salvarse sin Él.

El judaísmo, que prosigue la obra de Anás y Caifás, igual que la esposa de Cristo hace lo propio con la de Jesús, ha procurado siempre, desde los inicios del cristianismo, infiltrarse en su interior para destruírlo cada vez que no lograba acabar con él mediante las persecuciones que desencadenaba desde fuera. La Iglesia se ve hoy como un “eccehomo” ante la Shoah, que se usó contra ella como un “ariete” en el Vaticano II  (sí sí nó nó mayo 1986, ed. ital.: La mudanza obrada en el Nuevo Testamento con la apología filojudaica).

EL PROBLEMA SECULAR DE LOS MARRANOS, LA EXTRAÑA CONVERSIÓN DEL CARDENAL LISTIGER Y UNA CONFESIÓN SINCERA.

Cecil Toth, que murió en 1970, después de haber sido por muchos años profesor de estudios hebraicos en Oxford, presidente de la  Jewish Historical Society of England y director de la Enciclopedia Judía, escribía que según las normas rabínicas, era lícito, para salvar la vida o para poder permanecer en el país de  los antepasados de uno, ocultar las propias creencias judías y hasta negarlas exteriormente. De ahí el problema secular del criptojudaísmo, esto es, de los judíos que aparentaban volverse cristianos, pero que seguían siendo judíos  en su corazón, y practicaban los ritos judaicos a escondidas.

Félix Vernet escribía a su vez en el Dictionnaire Apologétique de la Foi Catholique, que “hubo  conversiones insinceras de judíos al cristianismo desde el 313 al 1100 (…) algunos judíos fingieron convertirse desde el 1100 al 1500 (…). En España miles de judíos pidieron el bautismo durante la “tormenta” de 1391. La mayor parte sólo mantuvo una apariencia de cristianismo, pues celebraba de tapadillo los ritos judaicos. El pueblo, que no se engañaba tocante a sus sentimientos íntimos, llamaba “marranos” a estos cristianos nuevos y los evitaba.

Los marranos se caracterizaban, afirma León Poliakov, por la “obsesión del secreto” y por una “doblez inevitable”. Muchos de ellos hasta “ se hacían frailes (…) otros iban a la corte pontificia. Los marranos portugueses, mucho más encallecidos que los “conversos” españoles en la práctica del criptojudaísmo, se derramaron en gran número por toda la península. Sumamente adiestrados en su lucha contra la Inquisición, mantenían en Roma una especie de “lobby” permanente que (…) les granjeaban perdones colectivos…”. Tras la expulsión de Portugal, continúa Poliakov, “una notable oleada de marranos emigrantes arribó a la colonia portuguesa del Brasil (…) Por eso Brasil se llenó de “cristianos nuevos” de dudosa ortodoxia”. “Ser marrano –sigue diciendo Poliakov--  equivalía a estar afiliado a una vasta sociedad secreta de protección y asistencia mutua”, como una especie de masonería o club rotario ante literam [por adelantado]. El marrano era y sigue siendo hoy el más “inquietante y exasperante”, por usar las palabras de Poliakov, que el judío declarado, porque parece ser un cristiano mientras que, en realidad, es un enemigo de Cristo. Y aquí se plantea una cuestión inquietante bastante reciente.

El cardenal Jean Maarie Lustiger, judío de nacimiento y “convertido” al cristianismo en 1940, concedió una entrevista cuando era cardenal a la Agence Telégrafique Juive, que luego fue reproducida por Documentation Catholique del 1º marzo 1981. Expresó en dicha entrevista posiciones teológicas que es imposible no hagan dudar de la sinceridad de su “conversión”.

Empieza por afirmar que  ”la decisión de hacerme cristiano no me pareció una negación de mi identidad judía, sino una afirmación de la misma”. Lustiger habría debido distinguir aquí, aunque no lo hizo, entre el judaísmo mosaico, cuya consumación se da en el cristianismo, y el judaísmo postcristiano, y por ende anticristiano, negador de Cristo, un judaísmo del cual, en cuanto tal, han de abjurar los judíos cuya conversión sea sincera (“no se puede servir a dos señores”, dijo Jesús).

Lustiger afirma en segundo lugar. “¡Proselitismo no! [de la Iglesia para con los judíos, se entiende]. Carece de todo sentido (…). Tanto la fe judaica como la cristiana son una llamada de Dios”. Esta última aseveración, que sitúa en el mismo plano al judaísmo y al cristianismo, es patentemente contraria a la fe católica, que profesa la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, una divinidad negada por el judaísmo postcristiano, por lo que sólo una de dichas ”fes” puede ser verdadera al oponerse contradictoriamente la una a la otra. En cuanto al “proselitismo” que, al decir de Lustiger, “carece de todo sentido”,  para los judíos, quienes disponen, según parece de un corredor privado y privilegiado para llegar a la salvación, observemos lo siguiente: ¿Qué hizo personalmente  Nuestro Señor sino evangelizar a los judíos? ¿Qué hizo San Estaban al precio de su martirio? ¿Qué hizo San Pablo antes de volverse hacia los gentiles? El proselitismo entre los judíos lo inició Jesucristo y lo continuaron sus Apóstoles y sucesores, a quienes había ordenado practicarlo (Luc. 27/47). Y entonces ¿Cómo puede un cardenal de la Santa Iglesia Romana afirma que el proselitismo” entre los judíos “carece de todo sentido”?

Lustiger prosigue: “La vocación de Israel es traer luz a los “goyim” (los no judíos. (…) Creo que el cristianismo es una manera de llegar a ello”. ¡No! La luz es Nuestro Señor Jesucristo (“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida”), y la “vocación de Israel” se cumplió ya con el “pequeño resto” que creyó en Él. El cristianismo es la única vía para llegar a Él, mientras que el actual judaísmo anticristiano, que  rechazó y sigue rechazando al Mesías y la luz que ha venido a traernos (el evangelio y la Iglesia), “anda en tinieblas” y no puede iluminar a nadie.

Después de haber subordinado el cristianismo a la “vocación” de Israel, que para él sigue estando vigente, monseñor Lustiger persevera in crescendo en sus aseveraciones: “Pienso que, siendo discípulo de Cristo a mi manera…” Asi el mismo a quien Juan Pablo II creó cardenal de la Iglesia Católica, hace aquí una declaración explícita de herejía (del griego airesis: elección) , de ser cristiano “a su manera”, no como  Dios manda, eligiendo en el cristianismo lo que le agrada y rechazando lo que no le conviene o no se aviene con su pensamiento. Esta fe sui generis, que objetivamente no es la virtud sobrenatural de la fe teologal, sino la “fe” de todos los herejes, estaba sobre todo, como Lustiger lo dijo poco antes, en considerar que el cristianismo es sólo una vía para llegar a la luz que emana del judaísmo. Ahora bien, es propio de lo marrano profesar abiertamente una religión mientras practica otra en secreto; de ahí que sea más que lícito preguntarse sobre la sinceridad de la conversión del cardenal Luestiger, que quiso seguir siendo  judío (o mejor dicho un híbrido) incluso en la muerte, como que había pedido antes de morir que se recitara sobre su ataúd, en la catedral de París, la plegaria judía sobre los difuntos (sí sí nó nó,12/2007).

Pero aunque la “conversión” del judío Lustiger sigue siendo incierta, no lo es, en cambio, la influencia ejercida por ciertos judíos sobre el concilio y los papas “conciliares”. Lo reconoció, bien que sin medir todo el alcance de su reconocimiento, el dominico Pierre M. de Contenson, secretario a la sazón de la comisión vaticana para las relaciones religiosas (?) con el judaísmo. En efecto, dicho dominico escribía lo siguiente en la presentación de la edición italiana del libro del judío Jules Isaac, Gesú e Israele: “Tocante a la eficacia (…) de la causa defendida (…) por el autor, basta parangonar sus conclusiones con las enseñanzas de Nostra Aetate y de las Orientaciones del 1º/12/1974 para comprobar que influencia ejerció de hecho: lo que él proponía en 1959 se recogió en sus partes esenciales, se proclamó y se propuso como norma  por parte de las autoridades centrales de la Iglesia Católica en 1965 [con Nostra Aetate] y en 1974 [con las Orientaciones y, peor aún, en 1985 con las ayudas que se mencionaron más arriba” y aquí más que dejarse ver lo que hace es darse a conocer una de las “fuerzas ocultas” que manipularon el concilio y siguen sin dejar de manipular el postconcilio.

LA GAUDIUM ET SPES Y EL SESENTA Y OCHO

Antes de concluir queremos referirnos a uno de los amargos frutos del concilio, amargo no sólo para la Iglesia sino, además, para la sociedad civil. Ya tocamos en otras ocasiones el problema de la Gaudium et Spes en cuanto documento conciliar panteísta y antropolátrico, pero ahora vemos a ver que influyó en la revolución estudiantil que disolvió la sociedad civil, la familia y al propio hombre en las profundidades de su alma  racional y espiritual (sí sí nó nó, agosto 2009, ed. Ital.).

El espíritu antijerárquico del sesenta y ocho, que se cifraba en la consigna “prohibido prohibir”, tenía su correlativo en la aversión conciliar a la curia romana y al primado monárquico del Papa y en la ventolera de optimismo utópico que quería no condenar más y “usar de la medicina de la misericordia más que la severidad” (Juan XXIII). Lo reconoció el teólogo conciliar  René Laurentin “Las reivindicaciones del movimiento de mayo del sesenta y ocho coincidían en buena parte con  las grandes ideas del concilio, en particular con las de la constitución sobre la  Iglesia y el mundo (GS). (…) Por lo demás el Vaticano II había sido ya, en cierta medida la protesta contra la curia de un grupo de obispos comprometidos”. En efecto, muchos exponentes del movimiento estudiantil, como Mario Capanna y Marco Boato provenían de ambientes eclesiales. Capanna llegó a decir, en una entrevista a LÁvvenire (20 marzo 1998): “Pasábamos noches enteras estudiando [en la Universidad Católica de Milán] a los teólogos que entonces se consideraban de primera línea: Rahner, Schillebeck  (…) junto con los documentos conciliares” Roberto Beretta escribe que se descubre al leer los documentos del sesenta y ocho, que están llenos de citas del concilio  (Lumen Gentium y Gaudium et Spes) y  de las encíclicas de los papas “conciliares” (Juan XXIII, Pacem in Terris, y Pavlo VI (Populorum Progressio). 

LA “PRIMAVERA ANTROPOLATRICA” DEL CONCILIO

Mientras no se, desarraiguen las causas remotas (subjetivismo e inmanentismo) de tantos males que se manifiestan de improviso y de manera paroxística en la década de los sesenta no habrá curación de la fiebre que viene corroyendo a la sociedad civil y eclesiástica. Creo que la principal de estas causas es el antropocentrismo.

Pablo VI, pese a que  había pronunciado ya algunos discursos sobre la tragedia de la situación postconciliar en la que hablaba de la “autodemolición de la Iglesia” (…) golpeada por quien forma parte de ella” (Discurso al Seminario Lombardo, 7 diciembre 1968), con todo y eso, volvió a tocar el tema de la grandeza infinita del hombre al pisar éste la luna por primera vez (12 julio 1969), en perfecta continuidad con el irrealista optimismo conciliar y, a la vez, en absoluta discontinuidad con el  realismo de la “autodemolición” que había anunciado. En efecto, dijo en el Ángelus del 13 julio 1969, que el hombre en ese asunto del alunizaje, “se revela como un gigante. Se revela como divino, no en sí, sino en su principio y su destino. Honor al hombre, honor a su dignidad, a su espíritu, a su vida”.

No es, ciertamente, la coincidentia oppositorum, la continuidad en la discontinuidad, lo que hará entrar en seso al ambiente eclesial devastado por la “primavera antropolátrica del concilio”. Es menester volver realmente de hecho, y no sólo de palabra a las verdaderas fuentes del catolicismo teocéntrico tal y como se hallan  en la Tradición y en las Escrituras, unas fuentes que la Escolástica examinó a fondo (especialmente Santo Tomás) y  de las que se sirvió constantemente en el magisterio  tradicional de la Iglesia hasta Pío XII.

Las medidas a medias las medias verdades, la “sola missa” no bastan para curar un cáncer. “A grandes males grandes remedios”. No bastó decir, en el pasado, “el humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios” (Pablo VI) y luego seguir obrando como si no pasara nada, y   hoy no basta afirmar, sin demostrarlo,  que el Vaticano está en perfecta sintonía con la Tradición apostólica. Es menester probarlo porque Quod gratis affirmatur gratis negatur [“lo que gratuitamente se afirma gratuitamente se niega”]. Ahora bien, no hay pruebas serias de tal sintonía entre ambos, mientras que se han brindado muchas de su oposición (comenzando por el Breve examen critico del Novus Ordo Missae que le presentaron a Pablo VI  los cardenales Ottaviani y Bacci, y  que aún espera respuesta).

CONCLUSIÓN

El texto del Padre Gabriele  Allegra que citamos al comienzo de este artículo nos hace comprender la gravedad preternatural de la situación en que nos han puesto el concilio y en el postconcilio. Ahora bien, humanamente hablando, llevamos las de perder a la hora de combatir a un enemigo tan poderoso; pero con ayuda de la Virgen María ”debeladora de todas las herejías, podemos volver a “ver la estrella”.

Sólo el inmenso castigo profetizado por la Virgen de Fátima podrá sacar del estado en que yacen una humanidad y un ambiente eclesial tan degradados: Portae infieri  non praevalebunt: “Al final triunfará mi corazón inmaculado”. No sabemos dónde ni cuándo ni cómo, pero estamos seguros de que ganaremos con creces. +

GREGORIUS.

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

 

HOMENAJEANDO CON AMOR PATRIÓTICO A LOS HÉROES DEL DESIERTO , PARA ACABAR CON LAS MENTIRAS PERVERSAS DE LA HISTORIA “ OFICIAL ”. LA VERDADERA HISTORIA REVISIONISTA ILUMINARÁ A LOS ARGENTINOS PARA LA DESTRUCCIÓN DEL ACTUAL GOBIERNO ENTREGISTA , TRAIDOR COMO EL UNITARIO.                                                                                                                    SOLO CAMBIA EL APELLIDO DE LOS “PRÓCERES” QUE MAGUIRE MENCIONA;  SON LAS MISMAS RATAS AUNQUE CADA VEZ ESTÁN MÁS HAMBRIENTAS. ACTUAMENTE EL RÉGIMEN LAS REAVIVA PARA QUE ENTREGEN LA PATAGONIA A QUIENES MÁS GENEROSAMENTE LAS SOBORNE.

Exraído de “Informes sobre Masonería” de Maguire, Nº 16, 1983, pag. 33).

A 150 AÑOS DE LA CONQUISTA DEL DESIERTO POR DON

Juan Manuel de Rosas .-

Hacia 1830 la Gran Patria Grande Rioplatense, se desgajaba bajo las intrigas anglosajonas : el “prócer” Moreno pretendió regalar la Isla Martín García  a los ingleses; el “prócer” Alvear quiso entregar la soberanía de la  patria bajo  “ la generosa protección de Inglaterra ”;  el “prócer” Rivadavia insultaba a San Martín , Bolívar y a los bolivianos a quienes despectivamente llamaba “cholos”; prohijó el desprendimiento de Bolivia para no mezclarse con gente tan “baja”. Prohijó también el desprendimiento del Uruguay, donde anduvo en proyectos de asesinar a Artigas ; los “próceres” unitarios refugiados en Montevideo y pagados por franceses e ingleses pretendían desprender la Mesopotamia para constituir un país separado ; mientras el “prócer” Félix Frías, con el acompañamiento del  “prócer” Mitre conspiraban para que Bolivia se apropiara de todo el norte argentino ; y el ”prócer” Sarmiento justificaba el apoderamiento de las Malvinas por los ingleses  e incitaba a Chile  a ocupar toda la Patagonia , etc. mientras el “tirano”, el “dictador” Juan Manuel de Rosas afirmaba con su heroica campaña al desierto los derechos argentinos a la Patagonia . Naturalmente que a la Academia Nacional de la Historia, bajo la egregia figura de un Barba, secundado por figurones “nacionalistas”, eludió recordar la fecha. El ínclito contador y Ministro de Educación, Licciardo, ligado al peludismo entre jaculatorias para lograr mayor y mejor ubicación en las transnacionales, también se olvidó de la fecha y,  naturalmente, los responsables de las Fuerzas Armadas demasiado ocupados en poner a la patria a merced de los tribunales de Nueva York,  no se acordaron del aniversario, mientras que los laureados Almirante Destéfanis y Coronel Bidondo, cobrando suculentos honorarios como jefes de los departamentos históricos de las respectivas Fuerzas, jamás se hubieran atrevido a recordar al “Tirano”, que conquistó  tierras para el pueblo argentino, lo cual hubiera dejado en la sombra la conquista de Roca, que conquistó tierras para los empresarios ingleses.

Éste es un capítulo más de nuestra triste historia. La Historia que cuidadosamente se oculta en las escuelas, en los institutos de formación militar. No nos asombremos pues de que surjan Menéndez. Menéndez es la nauseabunda y necesaria evacuación de un Régimen. “Régimen falaz y descreído”, que apostrofara el gran nacionalista Hipólito Irigoyen, quien por ello fue también perseguido por el militarismo liberal.

También es natural que la fecha del 20 de noviembre, aniversario del gloriosos episodio de la Vuelta de Obligado pase sin que el gobierno ni las autoridades militares, civiles y escolares se acuerden del heroico comportamiento  de las milicias de Rosas, que se opusieron a la agresión pirática de ingleses y franceses. Recordar a Rosas es un pecado “totalitario” contra la “democracia y la libertad” para los apátridas que nos gobiernan. +

¡´VIVA LA PATRIA ! ¡ JUSTA LIBRE Y SOBERANA !

martes, 10 de febrero de 2026

 

 

 

HOY COMO AYER

La diplomacia judía se limitó siempre a emplear argumentos y mandatos religiosos emanados de un  “Jehová” muy extraño, que envia órdenes irrefutables, que todos, judíos y goim deben obedecer sin chistar para evitar castigos durísimos. El exclusivo receptor e intérprete de los mensajes del “dios” judío en la tierra es, por supuesto, el 1º ministro Netanyahu. Como antes, durante siglos, lo fueron los rabinos. En esta situación histórica el mandato es: JERUSALÉN ES Y SERÁ PROPIEDAD EXCLUSIVA DEL ESTADO DE ISRAEL; SU CAPITAL INDIVISIBLE.

Las ordenes tienen siempre el mismo tenor: proteger y favorecer a Israel como pueblo elegido; eliminando hasta el exterminio a los enemigos que  obstaculizan la toma del poder mundial, esperando la llegada del mesías guerrero.                                                   

Un “dios” extraño, que mete miedo, imponiendo el “terror sagrado”,  matando y asesinando con saña diabólica como en Gaza ¿El Dios verdadero promoviendo el mal, la violencia y la injusticia? ¡Que Dios me perdone de sólo pensarlo! ¿Podría algún diplomático goim enfrentar mandaos tan contundentes llegados del “más allá”?

 Pero no alarmarse: el “enano fascista” me dijo que no sea ingenuo. Netanyahu no oye esas ordenes durante una somnolencia tras una buena regada de tinto. Las recibe directamente por teléfono desde LA AUTÉNTICA CAPITAL JUDÍA: WALL STREET, emitidas por un personaje siniestro que nada tiene de santo, donde reside el Príncipe del Mundo, al que obedece sin chistar.                                                                                                                             

El diario El Tribuno de Jujuy, del 15 marzo 1999 trae esta noticia:

 

JERUSALÉN SERÁ SIEMPRE DE ISRAEL.

JERUSALÉN (Reuter, Ansa, EFE y AFP). El gabinete del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu reafirmó solemnemente ayer que Israel asume su soberanía sobre el conjunto de Jerusalén.

El gobierno de Netanyahu adoptó una resolución que excluye la más mínima concesión, en especial sobre la parte árabe de Jerusalén anexionada en 1967. “Israel no aceptará jamás, cualesquiera que sean las circunstancias, la división y la internacionalización de Jerusalén, que seguirá siendo siempre soberanía exclusiva del Estado de Israel”; subrayó un comunicado oficial publicado al término del concejo de ministros.

“El gobierno de Israel reafirma que Jerusalén unificado en su totalidad es la capital del pueblo judío y del Estado de Israel”, añadió el comunicado.

Jerusalén oriental fue conquistada y anexada por Israel en junio de 1962 y en 1980 la Knsset (parlamento israelí) proclamó el cojunto de la ciudad “capital eterna e indivisible de Israel”, decisión que fue aceptada por la comunidad internacional.

Por su parte Netanyahu previno durante el consejo de ministros que “cualquier violación o intento de poner en entredicho a la soberanía israelí de la ciudad se enfrentará a una reacción enérgica e inmediata de nuestra parte”. El primer ministro y el jefe de la diplomacia israelí, dieron “instrucciones a las representaciones diplomáticas israelíes en el extranjero de lanzar una campaña de explicación sobre Jerusalén con la ayuda de las comunidades judías y los amigos de Israel en el mundo”.

El gabinete de Netanyahu quiso así oponerse a una declaración reciente de la Unión europea, que reiteraba su rechazo a reconocer la soberanía israelí sobre Jerusalén, incluido el sector occidental de la ciudad, donde Israel creó su capital inmediatamente después de proclamar su independencia en 1948.

La Unión Europa hizo referencia a una resolución de las Naciones Unidas de 1947, que considera a Jerusalén como una ciudad separada (“corpus separtatum”) y que tiene que ser administrada por la comunidad internacional. Sharon envió la semana una carta para protestar contra esta posición europea a Alemania, que este semestre preside la UE.-

 


 

Contra Cianzas (segunda parte)

Publicado el 30 de agosto de 2025 desde doncurzionitoglia

Benedicto XVI judaizando

por Don Curzio Nitoglia

 

La shoah es fruto del antisemitismo cristiano, de ella nacen “Nostra aetate” y el “Estado de Israel” (Benedicto XVI).

 

En la página 39 del libro Judíos y cristianos (Cinisello Balsamo, San Paolo, 2019) se encuentra el primer relato de JOSEPH RATZINGER – BENEDICTO XVI, Gracia y llamado sin arrepentimiento. Observaciones sobre el tratado de Judea.  

 

Ratzinger comienza, inmediatamente con la Shoah, escribiendo:

“Desde Auschwitz, está claro que la Iglesia debe repensar la cuestión de la naturaleza del judaísmo. El Vaticano II –con su Declaración Nostra aetate– dio, a este respecto, las primeras indicaciones fundamentales” (Judíos y cristianos, cit., p. 39).

 

Así, la shoah, según Ratzinger, es el principio y fundamento de la teología judaizante de Nostra aetate y del Vaticano II. Ratzinger vuelve varias veces a la cuestión de la Shoah y destaca su importancia no sólo “teológica”, sino también geopolítica; por ejemplo, en la página 65 escribe: “Los acontecimientos de la Shoah hicieron aún más urgente la existencia de un Estado para los judíos”.

Por lo tanto, la shoah no sólo es importante teológicamente, siendo el terminus a quo de Nostra aetate, sino que tiene una importancia política y social tan grande que justifica una expropiación superliberal, a partir del 15 de mayo de 1948, por los sionistas de la mitad de Palestina, que estaba habitada por “no judíos” a partir del año 135, hasta que llegamos actualmente a una nueva expropiación de otro 30 por ciento de las tierras palestinas. Por último, la Shoah haría legal incluso el genocidio actual (2024), que se está perpetrando contra los palestinos en la Franja de Gaza y Cisjordania.

 

 ¿CÓMO JUSTIFICAR TAL “EXPROPIACIÓN PLUTOCRÁTICA”?
 

Ratzinger lo intenta en la página 66, escribiendo: “El pueblo judío, según la ley natural, como cualquier otro pueblo, tiene derecho a su propio territorio”, pero no me parece que pudiera robárselo a los legítimos propietarios que habían vivido allí durante unos 1900 años: los palestinos. Habiendo sido expulsados en gran medida de sus hogares desde 1948 y en muchos casos brutalmente asesinados. Sin embargo, el derecho a robar y matar no está contemplado por la Ley natural y divina, que es decididamente preconciliar.

 

Incluso la shoah, para Ratzinger, no sólo establece la teología judaizante del Vaticano II y la existencia del Estado de Israel, pero incluso el hecho de que tal Estado judío “puede ser una expresión de la fidelidad de Dios al pueblo de Israel” (cit., p. 66) y, además, “en el estado actual [de Israel, nota del editor] se puede ver una señal del pacto continuo de Dios con Israel” (Judíos y cristianos, cit., p. 15).

En resumen, el Estado israelí es un signo del Antiguo Pacto con Israel “nunca derogado” (Juan Pablo II, Discurso en la sinagoga de Maguncia, 17 de noviembre de 1980; Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, nos. 121). En cambio, este Pacto fue roto por Dios después del deicidio y reemplazado por el Pacto Nuevo y Eterno.

 

En lo que respecta al sionismo, el Papa Bergoglio llega muy lejos y obtiene la aprobación de Ratzinger “Papa Emérito”, sin mucha charla. De hecho, este último cita (Judíos y cristianos, cit., p. 123) el discurso del Papa Francisco ante una delegación del “Congreso Judío Mundial” (28 de octubre de 2015), en el que afirma: “Atacar a los judíos es antisemitismo, pero un ataque directo al Estado de Israel también es antisemitismo”.

Por lo tanto, según Bergoglio, ni siquiera se puede criticar la política del Gobierno israelí, bajo pena de “antisemitismo”; por ejemplo, cualquiera que haya criticado la orden dada por el Gobierno de Netanyahu a los francotiradores del ejército israelí de atacar a los palestinos (incluso a los cristianos, como ocurrió en un convento el 17 de diciembre de 2023), incluso a los ancianos, golpear fatalmente a mujeres y niños sería un antisemita peligroso.

 

En resumen, el hecho de que los judíos, ayudados desde 1917 por Gran Bretaña, ocuparon la mitad de Palestina con armas en 1948/49 y se apropiaron de ella, no sólo no es un robo acompañado de varios asesinatos, sino que es una señal de que Dios no rompió el Antiguo Pacto con Israel, sino que lo renovó.

 

Sin embargo, Dios habría violado (“quod repugnat”) los mandamientos séptimo y quinto  que Él mismo había dado al pueblo de Israel en el monte Sinaí (1300 a. C. C.), aprobando posteriormente (1948 d. C.) los robos y asesinatos llevados a cabo por un agresor injusto contra los legítimos y pacíficos propietarios de Palestina.

 

Ahora bien, Dios no puede desobedecer Su Ley, ya que sería una contradicción absolutamente imposible en Dios: “Ego sum Dominus et non mutor” (Mal., III, 6).

Ratzinger continúa, impávido, en la página 86 – del capítulo titulado “Carta del Papa Benedicto XVI al rabino Arie Folger” del 23 de agosto de 2018 – en el que escribe: “La triste historia del antisemitismo cristiano, que últimamente ha dado lugar a la triste historia del antisemitismo nazi y se nos presenta con la triste culminación de Auschwitz” (cit., p. 86).

 

¡Qué triste! El cristianismo no defendía el antisemitismo biológico o racial, sino un antijudaísmo de debate teológico, que lo colocaba en contradicción con el judaísmo talmúdico, quien negó y todavía niega la Divinidad y Mesianicidad de Jesucristo y las SS. Trinidad: los dos dogmas fundamentales del cristianismo.

 

LA “PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA”

 

Documento “El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras” (24 de mayo de 2001), retomado por Benedicto XVI (“Judíos y cristianos”, 2019).

 

Ratzinger luego lleva las cosas más allá, informando en el libro antes mencionado (Judíos y cristianos, 2019), de las páginas 103 a 112, su Prefacio al Documento de la “Pontificia Comisión Bíblica” del 24 de mayo de 2001, El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras, en el que escribió:

 

“El drama de la Shoah ha situado la cuestión [de la relación entre judaísmo y cristianismo, ed.] bajo otra luz. Surgieron dos problemas principales:

1° cuestión: ¿pueden los cristianos, después de todo lo que ha sucedido, seguir promoviendo con calma la afirmación de ser los legítimos herederos de la Biblia de Israel? ¿Pueden continuar con una interpretación cristiana de esta Biblia o no deberían más bien renunciar a una afirmación que, a la luz de lo sucedido, no puede dejar de parecer una presunción?” (Judíos y cristianos, cit., págs. 110-111).

 

Esta primera pregunta retórica del entonces cardenal Joseph Ratzinger (2001), retomada y apoyada por Benedicto XVI, “Papa/Emérito” en 2019, presupone ya implícitamente una respuesta condenando a los cristianos, al cristianismo y al Nuevo Testamento, es el colmo del absurdo y nos revela el fin al que tiende el diálogo judío/cristiano: la “judaización” de los hombres de la Iglesia de Cristo, fracasó en el dogmático Concilio de Jerusalén (año 49/50) ; y triunfó en el pastoral Concilio Vaticano II (1962-1965).

 

De hecho, después de la Shoah, el cristianismo o el Nuevo Testamento, según Ratzinger, ya no serían los herederos legítimos del Antiguo Pacto, que Dios estableció con los Patriarcas en vista del Mesías venidero en el Pacto Nuevo y Eterno. Así, el Nuevo Pacto en la Sangre del Verbo Encarnado, que el Señor estableció con todos los hombres (judíos y gentiles) que se convirtieron a Cristo, según Ratzinger, habría sido revocada (por la Shoah y la teología judaizante del Vaticano II, que surge del’«holocausto» del pueblo de Israel, que quisiera reemplazar el Holocausto de Cristo), mientras que la Vieja Alianza sería irrevocable y el Concilio Vaticano II “irreversible”.

Por lo tanto, todo el Nuevo Testamento, el cristianismo, la Iglesia de Cristo, el Holocausto de Jesús sería un engaño, una mentira derogada por la shoah, por el Estado de Israel. Se define como tal (“De abrogando Novo Testamento”) desde el Vaticano II hasta Benedicto XVI y el Papa Francisco, quienes no están en una relación de oposición sino de continuidad sustancial. La interpretación cristiana de la Biblia o del Antiguo Testamento, dada por Jesús en los Evangelios, también según Ratzinger, no podría seguir existiendo, sería una presunción por parte del cristianismo “post/shoahstic”.

 

LA “COMISIÓN BÍBLICA PONTIFICIA” (1993)

 

Documento “La interpretación de la Biblia en la Iglesia”, retomado por Benedicto XVI (en “Judíos y cristianos”, 2019)

 

Este Documento de 1993 de la “Comisión Bíblica Pontificia” (titulado La interpretación de la Biblia en la Iglesia, No. 22), fue retomado posteriormente por Joseph Ratzinger, quien lo cita en Hebreos y cristianos (2019), y expone la

2° cuestión: “¿No contribuyó la presencia de los hebreos y del pueblo judío, en el propio Nuevo Testamento, a crear hostilidad hacia este pueblo, ¿Qué favorecía la ideología [nazi, ed.] de quienes querían suprimirla?” (Judíos y cristianos, cit., pág. 111).

 

Incluso hemos llegado a la blasfemia objetiva – mediante un Documento de la “Comisión Bíblica Pontificia” promulgado en 1993 bajo el Pontificado de Juan Pablo II (1978/2005) también adoptado en 2019 por “el Papa/emérito” Benedicto XVI – contra el Nuevo Testamento, negando su Inspiración e Inerrancia divinas. De hecho, en este caso el culpable no es el cristiano individual, que se ha desviado de su religión y ha odiado, perseguido y asesinado, pero es el Nuevo Testamento mismo el que es culpable de genocidio. Si no estuviera escrito con claridad, sería difícil de creer. 

 

Esta es una forma de marcionismo invertido: Marción (1), en el siglo II, creía – gnósticamente – que el Antiguo Testamento con su Dios era malo, y, sólo el Nuevo Testamento era bueno, Ahora –cabalísticamente– se cree (Ratzinger en 2019 y la Comisión Bíblica Pontificia en 1993) que el Nuevo Testamento es malo y sólo el Antiguo Testamento es bueno.

 

EL TEXTO DEL ENCUENTRO ECUMÉNICO DE JERUSALÉN (1994)

 

“Israel, la Iglesia y el mundo”, retomado por Benedicto XVI (en “Judíos y cristianos”, 2109)

 

El rabino DAVID ROSEN, en 1994, organizó una reunión interreligiosa en Jerusalén. El entonces cardenal Joseph Ratzinger fue invitado a la parte católica y dio una conferencia titulada Israel, la Iglesia y el mundo. El texto completo de la conferencia se puede encontrar en el libro de BENEDICTO XVI, Muchas religiones, una alianza, Cinisello Balsamo, Sao Paulo, 2007.

 

Ratzinger llevó a cabo su tema, a partir del Catecismo de la Iglesia Católica (CCC) de 1992, n. 121, que a su vez retomó lo dicho el 17 de noviembre de 1980 en la sinagoga de Maguncia por Juan Pablo II: “El Antiguo Pacto nunca fue revocado”. 

Según Ratzinger, en su discurso en Jerusalén en 1994,

a) la primera tarea que deben realizar judíos y cristianos es la de la reconciliación mutua: “Después del horror de la Shoah, la iniciativa de este acercamiento debe venir ante todo de los cristianos”;
b) además, cita el Evangelio según Juan (IV, 22): “La salvación viene de los judíos” para recordar, impropiamente, que es el judaísmo talmúdico el que salva al mundo y también a los cristianos; en cambio, la frase del Evangelio de Juan fue pronunciada por Jesús en el pozo de Jacob en el diálogo con la mujer samaritana (Juan, IV, 9-42), quien le había preguntado si la salvación venía de los samaritanos con su culto en el Templo del Monte Gerizim o de los judíos con el culto en el Templo de Jerusalén. Jesús respondió que en el Antiguo Pacto: “Ustedes [los samaritanos] adoran lo que no saben; nosotros [los judíos] adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene [en el Antiguo Testamento] de los judíos” y no de los samaritanos, quienes “profesaban una religión fundamentalmente judía pero, mezclada con influencias politeístas de deidades asirias” (F. SPADAFORA, Diccionario Bíblico, Roma, Studium, III ed., 1963, págs. 542-544, entrada “Samaria, Samaritanos”) para los cuales no conocían correctamente la religión monoteísta de Jaweh, que fue profesada en su totalidad en Jerusalén; sin embargo, Jesús añadió: “Llegará un tiempo, y ahora es, en que los verdaderos fieles adorarán al Padre en espíritu y verdad” (Juan., IV, 23); es decir, ni con los sacrificios de animales en el templo judío de Jerusalén, ni en el templo samaritano del monte Gerizim, sino en la Iglesia de Cristo, mediante el Sacrificio del Pacto Nuevo y Eterno renovado místicamente o “en espíritu y verdad” en la Misa Cristiana;
c) Ratzinger afirma que “no existe culpa colectiva de los judíos por la sentencia de muerte de Jesús”, sino que los judíos (líderes y pueblo) la niegan porque gritaron unánimemente: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos” (Mt., XXVII, 25); es decir, “la responsabilidad de su muerte es enteramente nuestra y de nuestros hijos” (F. SPADAFORA, Pilato, Rovigo, Instituto Padano de Artes Gráficas, 1973, págs. 129-130; DENIS BUZY, St Matthieu, en La St Bible, dirigida por L. PIROT – A. CLAMER, vol. IX, París, 1946, pág. 367 y siguientes.; P. JOUON, Recherches de science religieuse, París, n. 26, año 1926, pág. 175; H. L. STRACK – P. BILLERBECK, Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch, 4 vols., Munich, 1922-1928, II vol., pág. 1023), formándolos un pueblo que tiene una religión que aún perdura hoy y perdura en el rechazo de Cristo, quien “todavía merece la muerte porque se hizo Dios como hombre”.

 

Benedicto XVI afirma también que “el Templo [de Jerusalén, ed.] con su culto ya no puede ser restaurado aunque la situación política lo permita” (Judíos y cristianos, cit., p. 40).

 

Ahora bien, según la profecía de Jesús, no quedaría nada del Templo “piedra sobre piedra” (Mt., XXIV, 2; Mc., XIII, 2; Lc., XXI, 6; XIX, 43-44) y “Jerusalén será pisoteada por los paganos hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles” (Lc., XXI, 24); es decir, hasta “los gentiles últimos, es decir, hasta el fin del mundo, la nación judía nunca se recuperará” (M. VENTAS, Comentario al Evangelio según San Lucas, II ed., Proceno – Viterbo, Effedieffe, 2015, p. 119, nota 24). Por tanto, el intento de reconstruir el Templo, destruido en el año 70 por Vespasiano y Tito, Debe verse como el deseo de demostrar que la profecía de Jesús era falsa y que, por lo tanto, Él no es Dios. Sin embargo, según algunos Padres de la Iglesia (S. Ireneo de Lyon (2), S. Hipólito Romano (3), S. Cirilo de Jerusalén, S. Juan Damasceno), durante el reinado del Anticristo final (poco antes de la Parusía), lo más probable es que el Templo de Jerusalén sea reconstruido al menos en parte, pero luego el Anticristo también perseguirá al judaísmo rabínico, el Templo será destruido y luego “Omnis Israel salvabitur / Israel en masa se convertirá a Cristo” (Rom., XI, 26) (4).

 

NOTAS

 

1 – Véase Enciclopedia Católica, Ciudad del Vaticano, 1952, vol. VIII, coll. 36-38, entrada “Marcione” editada por ERIK PETERSON; PIETRO PARENTE, Diccionario de Teología Dommática, Roma, Studium, IV ed, 1957, págs. 252-253, entrada “Marcionismo”; V ed, Proceno – Viterbo, Effedieffe, 2018.
2 – Adversus haereses, V, 30, 3; V, 25, 2 y 4.
3 – Comm. en Danielm, IV, 49.
4 – Véase AUGUSTIN LÉMANN, El Anticristo, Proceno, Effedieffe, 2014, págs. 100-102; GIANLUCA MARLETTA, La Guerra del Templo. Escatología e historia del conflicto de Oriente Medio, San Demetrio Corone – Cosenza, Edizioni Irfan, 2018; MAURIZIO BLONDET, Los fanáticos del Apocalipsis, Rimini, Il Cerchio, 1992.

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