martes, 27 de septiembre de 2016

UN PAÍS QUE ESTÁ POR HACERSE

Comentario escrito por “L.C.”, seguramente las siglas del  Padre Leonardo Castellani, siendo Director de la revista “Estudios”, julio 1940. En esos tiempos, el nacionalismo triunfaba en Europa, y le otorgaron al insigne sacerdote la dirección de la revista, atestiguando así los jesuítas cierto entusiasmo patriótico,   y  su repudio al liberalismo capitalista y al marxismo, Pero inmediatamente  después que se comenzó a dudar del  triunfo nacionalista,  los invadió una euforia democrática tan grave, capitalista y marxista, que maquiavélicamente fueron cambiando el rumbo doctrinal de la revista, y lo excluyeron al Padre Castellani, discriminándolo. Así fueron poniéndose a tono con los aliados victoriosos. Abandonaron la verdad, y la verdad los abandonó a ellos,  cayéndose, después de un tiempo,  necesariamente en  Bergoglio.  En este luminoso y audaz comentario L.C. aconseja “Arreglarse solos”, aunque sea que andemos en “pelotas” como  decía el Libertador. O al menos ir eliminando importaciones  fútiles, sin reciprocidad. Postura que no aceptarán los “próceres” liberales, tan petimetres a la europea ellos, tan a exquisitamente  “civilizados”, no sea que al quedar al descubierto sus partes impúdicas  evidencien que no tienen el vigor indispensable para regir un país heroicamente soberano. Además , si cerramos las puertas al exterior,  ¿ que sería de las generosas y desinteresadas “bonificaciones” y “subsidios”,  que otorgan a nuestros  honorables tanto los chinitos como los yanquis para concretar algún negociado?
¡No me abandonen, benefactores del 1º mundo, suplica el Régimen para sobrevivir robando!

¡¡ ARREGLARSE  SOLOS !!

      “Después que nuestro Parlamento y nuestra Facultad de Ciencias Económicas se cansaron de demostrar matemáticamente que la autarquía era un crimen nacional y universal, este sólo mes de guerra fuerte en Europa nos está poniendo en la obligación de racionar la corriente eléctrica, quemar nuestro maíz y pagar por las importaciones una tercera parte más de lo que pagábamos antes de estallar aquella.
      La vida se encarece más cada día. Los frigoríficos están monopolizando a toda marcha las verduras y las frutas. Los cereales se pagan igual en los almacenes, aunque en los mercados y Bolsas se cotizan por los suelos. El diesel oil, el gas oil y el fuel oil indispensables para nuestras industrias y transportes, se han ido por las nubes. El carbón ya sabemos. Y puesto que el combustible representa las calorías del organismo económico social, tenemos que ya nomás, todo ha comenzado a subir de precio; los alquileres de los departamentos con calefacción, la ropa, los productos alimenticios y manufacturados, etc., etc. Y los ferrocarriles no aumentan las tarifas, pero restringen los servicios, que es más o menos lo mismo. Sólo falta ahora que la Corporación de Transportes duplique sus tarifas para que el panorama del desastre aparezca en toda su evidencia. ¿Qué será de nosotros si los cálculos alemanes fallan, y la guerra se prolonga hasta fin de año, hasta 1941, o 42, o 43…?”
      Eso se pregunta la gente y se pregunta bien. ¿Qué será de nosotros?
      La respuesta es: a la larga tendremos que “arreglarnos solos” Y eso es duro, pero podemos convertirlo en bien. Es un gran bien.
      Es muy cómodo que las cosas difíciles vengan hechas de Europa; nosotros a hacer cositas ligeras, fáciles y aparentes, y divertirnos puerilmente en medio de los recursos ubérrimos de una tierra super regalada: allá en Europa que lean latín y griego; aquí que vengan con buenas traducciones francesas. Allá en Europa que inventen soluciones y sistemas políticos; aquí copiaremos los que mejor pinten. Allá en Europa industria pesada; aquí economía de pueblo primitivo. Allá navegación transoceánica, aquí regatas en el Tigre. Allá carreras de aviones, aquí carrereas de caballos. Allá que compongan sinfonías, haremos tangos. Allá que hagan la guerra, aquí haremos negocios, “Éste es un país de… basura”. “Pero que lindo país éste”; las dos frases legendarias de los contertulios del Jockey Club.
      Ninguna de las dos cosas, señores. Es un país por hacer. Arreglarse solos ahora. Culturalmente, políticamente, eclesiásticamente, industrialmente y económicamente solos.
      Nuestra cultura es chirle y de segunda mano, reflejada como luz de luna. Los que repugnan entre nosotros a las disciplinas educativas fuertes, como la enseñanza del griego y del latín, y el acceso a las fuentes de la ciencia y el arte, son los que se hallan cómodos en este estado muelle: vulgarización, manuales, traducciones, comentarios, revistas, “la última palabra de la ciencia” la cual es siempre falsificada para quien no conoce las primeras palabras, porque no puede haber techo sin piso. En Europa hubieran sacado a silbidos a un Profesor que se atreviera en la Facultad de Medicina a profesar un curso sobre Hipócrates sin saber una palabra de griego. Aquí sucedió la cosa y no pasó absolutamente nada.
      Nuestra organización política es rudimentaria y está gastada. Pide ajustes. El sufragio universal atomizado no marcha, se hamaca entre el Fraude y la Demagogia. El pasquinismo impune y corrompido está creando una atmósfera envenenada, cultivo de los peores gérmenes. El país parece encaminarse al estado político de la España de la Pre-Guerra.
      Teóricamente es discutible si el país ganaría o nó con la industria pesada que ahora le falta, como ganó con la industria menor e indispensable de la alimentación y el vestido, implantadas por completo aquí con  la presión de la guerra del 14. Pero la fuerza de la necesidad, mientras Europa arregla sus asuntos que serán largos, nos forzará a procurarnos las cosas necesarias, hulla, máquinas, papel, tejidos, y a prescindir de muchos superfluos lujos. El argentino es industrioso, buen mecánico, talento curioso: la necesidad hará el resto.
      ¿Y los capitales? Los hallará un gobernante atento, en cuanto piense que su función no es solamente crear nuevos impuestos y  empréstitos para aumentar la frondosidad de la burocracia y el número de los “puestos”. El “empréstito patriótico” número dos ha sido llenado con prisa vertiginosa. La gente humilde cree que eso prueba que el país es rico, que hay prosperidad y que el gobierno es fuerte. Ignora que es el juego de tocar la flauta, o sea abrir un buraco y cerrar el otro. Ese dinero recolectado no camina generalmente a empresas rendidoras, como fábricas, colonias o mailes, ni siquiera va a caminos, los cuales se hacen todavía con el genial “centavo de Uriburu”. Desde el tiempo de Uriburu para acá se han creado tres nuevos impuestos, réditos, rentas y territorial: las arcas fiscales han aumentado en 1.500 millones anuales más o menos para ningún progreso real, solamente para mantener lo vegetativo de la Nación y para enormes gastos suntuarios de ningún provecho. Esto está documentado, para quien quiera verlo, en el hermoso artículo de Carlos J. Rodríguez, “La experiencia financiera argentina” en Revista de Economía Argentina, Nº 262 y263.
      Pues bien, esto puede cambiar también ahora. Se viene encima una crisis económica, trayendo consigo esa “vida austera” que Navarro Monzó no cesa de proclamar como la voz de orden de la hora presente. La necesidad es madre de todas las cosas –decía Heráclito. Por lo menos es madre de la moral.
      Superficialmente o profundamente, no lo sabemos, pero evidentemente, la Argentina anda corta de moral. Y hay gente a quien no se le cae de la boca, pero que da al mismo tiempo grandes ejemplos de falta de ella.+


 L. C.