miércoles, 14 de noviembre de 2018


“LOS PROTESTANTES SON LOS PRINCIPALES ENEMIGOS DE LA BIBLIA, PORQUE LA ENTREGAN A CUALQUIERA Y LE DEJAN LA LIBERTAD DE INTERPRETARLA”

Los resultados son bien conocidos; cada secta protestante, a menudo cada persona, da una interpretación personal, en contradicción con las otras. Lutero interpretó la Biblia en forma distinta a Calvino. Los anabaptistas, seguro de inspirados directamente por Dios en la lectura de los Sagrados Libros, atribuyen los más extraños sentidos al texto sagrado.
Y algunos al leer la Biblia que “son bienaventurados los que lloran (Mt. 5,5) lloraban todo el día; otros, en obsequio bíblico a la alegría, se la pasaban riendo; para otros, la admonición de Cristo: “Haceos semejantes a los niños” (Luc. 18,17) era una exhortación a obrar como niños, a jugar a la pelota, a correr y saltar y hacerse lavar la cara; ni faltaban tampoco, los que tomando a la letra la invitación de la Escritura: “Predicad sobre los tejados” (Mt. 10,27) en vez de profesar abiertamente la fe, se encaramaban sobre los tejados y desde allí predicaban a grandes voces a los transeúntes.
Luego los teólogos protestantes, poco a poco asesinaron la Biblia; muchos de ellos, hoy día, no creen ni siquiera en la divinidad de Jesucristo, ni en los milagros; el racionalismo ha hecho estragos en sus filas; y al que le reprocha sus errores contestan sin inmutarse: “Perdonad ¿No nos enseñó Lutero el libre exámen de la Biblia? Yo leo e interpreto libremente ¿Porqué me debo atener las interpretaciones de Lutero? Si fuera así ¡No tendríamos más remedio que volver al seno de la Iglesia Católica!”
Monseñor Olgiati

HOY DÍA LAS EXTRAVAGANCIAS TEOLÓGICAS DE LAS SECTAS, ADEMÁS DE     RIDÍCULAS SON PERVERSAS. 
¡SON EL CABALLO DE TROYA DEL IMPERIALISMO POLÍTICO INTRODUCIDO EN LOS PUEBLOS CATÓLICOS!


martes, 13 de noviembre de 2018


THE  ROCKEFELLER  FILE
Reproduzco un interesante comentario del señor Esteban Vivas, al libro escrito por Gary Allen, publicado en California, USA, 1976.   (revista Verbo, Nº 176, 1977).

“Habiendo exilado a los dioses de la Ciudad, el mundo moderno trata de reemplazarlos por alguna cosa, no sabe qué, que no existe en ninguna parte. Crisis de confianza, dice él: si, crisis de fe, y que gana a la Iglesia misma. Como en vísperas de la Revolución, percibimos en su periferia un difuso olor de la herejía: las mismas traiciones de palabras, la misma confusión de principios cuando, en vez de celebrar con las logias de entonces al Ser Supremo, al Legislador de los cristianos, a la Filantropía, extraños apóstoles tratan de acomodar al cristianismo las ideologías masónicas de Democracia, Humanidad, Sociedad, Progreso, Pacifismo e Internacionalismo. Por endósmosis ineluctable, pero, claro, unilateral sus dogmas se diluyen en abstracciones, su mística en política. Cargando a designio el acento sobre las necesidades físicas que comporta nuestro deber social, ellos relegan a la sombra la práctica de las virtudes heroicas, a tal punto que el catolicismo no se presenta ya a la masa de los fieles sino como una adaptación disimulada al mundo materializado, como un oportunismo hipócrita, como una religión a corto plazo que engendra, a su imagen, pequeños avaros”.

Con el párrafo transcripto, que a muchos puede parecer una descripción exactísima del estado de cosas actual, comienza el libro de R. Vallery Radot  “Les Temps de la Colère”, cuya 10 edición (Grasset, París, 1932) habíamos leído, por pura casualidad antes que el libro de Allen, al cual consagramos esta nota llegara a nuestras manos. Dicha casualidad resultó feliz, porque el segundo libro es, sin que el autor se lo haya propuesto, unja especie de continuación y puesta al día del primero.

El libro de Vallery-Radot es una historia muy documentada y convincente de los objetivos y procedimientos por los cuales la masonería provocó la guerra del 14 y logró impedir en 1917 que Francia e Inglaterra aceptaran la propuesta de paz del emperador de Austria, pese a los deseos del Sumo Pontífice, a la convicción del presidente Poincaré y del primer ministros Lloyd Georges, y a la opinión pública de Francia e Inglaterra. Las razones, en síntesis, no fueron otras que estas: para los detentadores del poder, que tenían y continúan teniendo su sede en Nueva York, y de quienes el presidente Wilson y el primer ministro francés Ribot eran incondicionales instrumentos, la guerra no debía terminar hasta que quedasen asegurados estos tres objetivos fundamentales: la liquidación definitiva del imperio Austro-Húngaro, último resto del Sacro Imperio Romano Cristiano que la Revolución no había todavía podido destruir; la definitiva destrucción del poder militar alemán, y la erección de la Sociedad de las Naciones, institución proyectada en Nueva York y aprobada el 28 de junio de 1917 en París por el Congreso de las Masonerías de las naciones aliadas y neutrales, como órgano de gobierno mundial.

El primero de estos objetivos se logró plenamente, pues la monarquía cristiana desapareció; el segundo fracasó, pues las ominosas condiciones impuestas a Alemania por el presidente Wilson no pudieron impedir que esta nación se levantara nuevamente en armas y pusiera en angustiosos apuros a sus vencedores; y el tercero, que es el principal, no se ha realizado aún plenamente, pues la Sociedad de las Naciones, y su sucesora la ONU, se han mostrado insuficientes por la resistencia de las naciones a resignar a su favor la soberanía y la totalidad del poder. Si quienes tienen en sus manos los medios de control del pensamiento –dice Allen- “pueden persuadir a suficientes norteamericanos para que acepten voluntariamente la resignación de la soberanía de USA a favor de las Naciones Unidas, su larga campaña en favor del Gobierno Mundial habrá tocado su fin. El Nuevo Orden Mundial habrá llegado…” (pg.78).

Los trece capítulos del libro que comentamos están consagrados al estudio de los objetivos por los cuales la “más poderosa familia norteamericana” usa los cuantiosos medios de que dispone (miles de millones de dólares), y la conclusión es que el objetivo final es el gobierno mundial.

El último paso importante que se ha dado en pos de ese objetivo es la creación de la Comisión Trilateral designada en 1973 a iniciativa de David Rockefeller, presidente del Chase Manhattan Bank, por las empresas financieras más poderosas de tres regiones del Hemisferio Norte: Japón, Europa y los EEUU. Este acuerdo trilateral responde, según un artículo del director de la Comisión, Sr. Zhigniew Brzezinski, publicado en el periódico Foreng Affairs, órgano del Consejo de Relaciones Exteriores de los Rockefeller la convicción de que el mundo no se va a unir en pos de una ideología común o de un supergobierno, porque cada nacido, interesado en la solución de sus propios problemas tales como tener suficiente combustible para mantener sus fábricas en funcionamiento o suficientes alimentos para sus ciudadanos, perderá de vista aquel objetivo superior de la unidad y del Gobierno Mundial (pg. 87). De allí el acuerdo entre las tres grandes regiones mencionadas para dedicarse a resolver los problemas del resto del mundo, de tal modo que nadie se vea obligado a desatender ese ideal supremo.

¿Ideal para quienes?

Por de pronto, para los Rockefeller: esto lo dice y lo demuestra Allen en el libro que comentamos. Pero ¿Quiénes están detrás de los Rockefeller? El autor lo sospecha: “…Nelson se ha transformado en el predilecto de la judería organizada de Nueva York (…). Sin semejante apoyo nunca podría haber sido elegido gobernador del Estado de Nueva York cuatro veces. Pero cómo exactamente la familia realiza esta hechicería, es algo que hace retroceder la mente” (pg. 19).

La mente de Vallery-Radot no hubiera retrocedido ante el problema, por difícil que sea investigar en esos altos niveles de la jerarquía masónica. Es curioso que Allen no mencione en su libro a la masonería, ni siquiera para descartarla.

En la siguiente anécdota contada por Serge Nilus, que tenemos a través de una cita, hubiera podido encontrar Gary Allen un principio de respuesta:

Poco antes de la primera guerra mundial, en una gran ciudad rusa, un archipreste solía recibir con frecuencia la visita de un rabino. Invariablemente el tema de conversación era la fecha en que por segunda vez Cristo volvería a la tierra. Intrigado el archipreste, preguntó al rabino porqué tenía esa preocupación y obtuvo esta respuesta: “Usted sabe que nosotros esperamos al Mesías; nosotros no creemos en el que ustedes llaman el Salvador del mundo, pero buscamos sin cesar conocer el día de su venida. Equivocados en nuestros cálculos hemos alterado las cifras de la Biblia, que difieren según las traducciones estén hechas antes o después del nacimiento de Jesús. En nuestros días, nuestro pueblo se impacienta y nos pregunta cuando vendrá Aquel que debe liberarnos del yugo de los gentiles y darnos el poder. Estamos apremiados por contestar a nuestro pueblo, y vengo a veros para consultaros si vuestra opinión es la misma que la mía. Al que nosotros esperamos, ustedes le llaman el Anticristo; ése será el que nos dé la libertad”. *


lunes, 12 de noviembre de 2018



Fragmentos del artículo del profesor
Alberto Falcionelli
Donde expone profundas reflexiones sobre el tema que nos atañe decisiva y dolorosamente.                           
 “HABLANDO  DE  DEMOCRACIA”
(Publicado en la revista VERBO, Nº 176, de septiembre de 1977.- Lamento, por su extensión, no transcribir el artículo completo. Marqué con negritas las frases más esclarecedoras de los párrafos. Entre corchetes notas del profesor Falcionelli).

“La democracia es la esperanza del mundo”; F.D.Roosevelt
“La democracia salvará a la democracia”, (xxx, chileno)
“El drama de nuestro tiempo no es que haya muchos idiotas.
Siempre los hubo.  Es que ahora, los idiotas piensan”. Jean Cocteau.

E
n completo acuerdo con el prusiano Ernst von Salomon, no uso el término “democracia” sino cuando no me queda otro remedio, pues nadie logró jamás darme su sentido exacto, ni siquiera el mejor dotado de los portadores de la Ciencia Política contemporánea. De tal suerte, a pesar de la prescripción fulminada por F.D.R. con absoluta determinación religionaria, a pesar de los dichos emitidos, inter pocula cynicorum, por Winston Churchill, ninguna glosa teórica, ninguna constancia histórica, filosófica o sociológica logró persuadirme que la democracia es “la esperanza del mundo”, o aun “el menos inaceptable de los sistemas políticos, por poco satisfactorios que todos resulten”, ni siquiera de que se le pueda descubrir un comienzo de definición. Su signo invariable, un signo negativo reñido con toda realidad, con toda lógica natural, es la indefinición y, por vías de consecuencia, la desunión. Lo cual me lleva a suscribir sin vacilar lo que sostenía el Cardenal Richelieu: “La salvación de las almas se cumple en el Cielo, la salvación de la Ciudad se cumple en la tierra”; y, a los tres siglos largos, a quedarme con el tan poco académico miembro de la Academia Francesa Jean Cocteau. (pg.28).
Incluso lo que los doctrinarios y los profesionales de la política llaman “democracia pluralista” –en la que todas las supuestas bondades de ese polifacético hallazgo deberían encontrar su punto óptimo de conjunción- es justamente esto: indefinición y desunión.
Para comprobarlo, sería conveniente referirnos a los compases finales de la segunda guerra y a sus secuelas ideológicas todavía actuantes y aun deletéreas, si cabe, que en aquellos tiempos aciagos…
Con la derrota del Eje –por favor, dejémonos ya de rumiar pamplinas como ésa de “Cruzada común delas democracias contra el fascismo”- la palabra “democracia” no ha dejado de llenar discursos, tratados, editoriales, de ocupar tribunas y tribunales, de invadir todos los instantes de nuestra vida, de irrumpir, sin la menor causa aparente, en lo rincones más secretos de nuestra intimidad, de imponernos el método exacto para que  seamos ciudadanos decentes. Quien –usted y yo- sentía y vivía, por así decirlo, como la buena gente, democráticamente, esto es, sin darse cuenta de ello, porque no lo hacía por inspiración ideológica, sino por buena crianza y cordialidad natural, se vio colocado de golpe ante la obligación insoslayable de proclamarse democrático a voz en cuello desde los tejados, de acariciar con sus berridos democráticos  los oídos de los nuevos Catones (y de sus huestes armadas, para evitar lo peor), demostrarlo incluso en su modo de vestir y en su trato selectivo con sus vecinos y sus familiares mismos. A partir de 1945, todo ciudadano ha sido medido con el metro de la democracia, que era, y sigue siendo, el único metro legalmente registrado.  Todo centro cultural, toda asociación profesional, toda sociedad de fomento o de beneficencia tuvo y tiene que adornarse con esa calificación. En esto, se ha ido más lejos aún que en la época del fascismo, del que, por lo demás, sería razonable, de una vez por todas, y para una correcta inteligencia del tema, que dejaríamos de confundirlo con el nacional-socialismo y con el mismo totalitarismo en sí. Pero, en aras de la irrenunciable religión democrática, la confusión se ha cumplido: derecha=fascismo; fascismo=nacional-socialismo: nacional-socialismo=horno crematorio; y como derecha=nacionalismo, nacionalismo =genocidio. Genocidio y horno crematorio, derecha, nacionalismo y fascismo son términos intercambiables que, todos, expresan idénticas manifestaciones del mal en la tierra.  Por consiguiente la democracia es el bien, y el bien es la democracia.

jueves, 8 de noviembre de 2018


EL ISLAM, ¿EMPRESA JUDÍA?

EXCELENTE ARTÍCULO DEL SEÑOR DON JULIO GARRIDO, (Verbo 191, abril 1979), EVIDENCIANDO QUE LA ACTUAL INVASIÓN MAHOMETANA A EUROPA, NECESARIAMENTE FUE PROGRAMADA Y SE ESTÁ EJECUTANDO ENTRE EL JUDAÍSMO Y EL MAHOMETANISMO, PARA DESCRISTIANIZAR EUROPA, CONJUNTAMENTE CON EL AUSPICIO DEL PROGRESISMO Y DEL ECUMENISMO CRISTIANO. ESTA ALIANZA ANTICRISTIANA ERA PALMARIA YA EN LA ÉPOCA DE LA RECONQUISTA ESPAÑOLA.

España tiene un bien merecido prestigio en el campo de los estudios sobre la civilización musulmana. Las escuelas de Madrid y de Granada, los nombres de Codera, Rivera, Asín Palacios, González Palencia, para citar sólo algunos de los ya desaparecidos son conocidos universalmente entre los orientalistas. Sin embargo, la ignorancia, los prejuicios y, sobre todo, la indiferencia son actualmente la tónica general del pueblo español frente a la religión musulmana.  Todos los estudios brillantes de los arabistas no han logrado disipar esta ignorancia ni sacudir esta indiferencia, principalmente porque se ha tratado de estudios de erudición que nunca han enfocado con claridad, valentías y objetividad el problema del origen, del significado y del papel del Islam en la historia religiosa de la humanidad y en el mundo actual.
Durante muchos siglos el Islam ha sido el enemigo número uno de los pueblos cristianos; la actitud imperialista y conquistadora de los musulmanes, la destrucción de las civilizaciones anteriores a la suya, originaron una reacción defensiva. Los poderes políticos de los países europeos emprendieron la lucha contra el Islam con la aprobación y el aliento de la Iglesia. La guerra contra los musulmanes fue considerada no sólo legítima, sino meritoria, y uno de sus más largos episodios, la reconquista, es una de las glorias de la Historia de España. Grandes santos, hombres llenos de fe, políticos prudentes e intrépidos militares emplearon todo su talento, sus energías y sus acciones en la lucha armada contra los infieles. El nombre de Cruzada ha permanecido en nuestro vocabulario, no sólo para toda acción militar en defensa de la fe, sino también para calificar toda lucha enérgica en favor de una buena causa.
Esta buena causa siendo en su origen una legítima defensa contra un agresor cuya finalidad era subyugar el mundo y cuyo medio era el “djihad”, la gran santa.
Cuando el Islam perdió su agresividad militar como consecuencia de la resistencia armada de los pueblos occidentales, y también como consecuencia de su incapacidad técnica, los países musulmanes pasaron casi en su totalidad bajo la dependencia de las naciones europeas, pero estas ya eran presa de un proceso de descristianización y consideraban el factor religioso como secundario, dando más importancia a los factores económicos y políticos, de modo que el mundo musulmán no fue ya considerado como una porción de la humanidad en la que se debía predicar el cristianismo, sino como una vasta región a desarrollar desde el punto de vista material y a  la que se le debía llevar los valores puramente “laicos” de la cultura europea.
Para establecer más fácilmente su dominación inmediata, los países europeos que dominaron el Islam, haciendo prueba de una miopía imperdonable, no facilitaron, y aun en muchos casos, impidieron la conversión de los musulmanes al cristianismo. Con fines políticos, todos ellos en mayor o menor grado, apoyaron al Islam. La gran mayoría de los sacerdotes y religiosos que pudieron establecerse en estos países gracias  una libertad religiosa amparada por las potencias dominantes, descargó su consciencia con la afirmación gratuita y cómoda de que “el musulmán no se convierte”, como si su condición de seguidores de Mahoma les impidiese recibir el mensaje que Cristo trajo a todos los hombres. Esta actitud de los que deberían ser misioneros en tierras musulmanas fue el origen de una confusión en las  ideas, de multitud de actitudes ambiguas y de una corriente que empezó predicando el respeto hacia la religión mahometana y terminó con un filoislamismo que dio origen a numerosos movimiento de amistad islamo-cristiana, especialmente en Francia, cuya premisa fundamental era el reconocimiento de los “valores espirituales” de la religión musulmana y la renuncia a todo género de apostolado.
 En este clima –de dimisión y de pasividad se han desarrollado en el seno de la Iglesia ciertas tendencias “ecuménicas” que han desintegrado el espíritu misionero que existía todavía en los medios religiosos que están en contacto con el Islam. A este triunfo de los eclesiásticos derrotistas se han unido los cambios políticos efectuados en los países musulmanes que han eliminado la influencia cristiana y las han hecho volver a su ancestral desprecio de la libertad religiosa y a su afán proselitista y conquistador.
No está de más que ante este cambio de situación hagamos aquí un breve examen de conciencia y demos a conocer los pocos pero importantes estudios que se han realizado estos últimos años sobre la religión islámica, en particular sobre sus orígenes judíos, estudios importantes desconocidos en España y que pueden iluminar el fondo del problema que no es ni político, ni económico, ni cultural, sino puramente religioso, teológico para ser más precisos, como ocurre con todas las corrientes ideológicas que constituyen el fundamento de la historia de la humanidad.
Pero antes de enfocar el problema de fondo es necesario hacer algunas consideraciones sobre el origen de las actitudes actuales frente a la religión musulmana, pues esta tipología de nuestros contemporáneos nos permitirá comprender por qué los estudios sobre el Islam han sido frecuentemente falseados aún por los mejores especialistas y la necesidad de eliminar un conjunto de prejuicios que oscurecen los aspectos fundamentales de este importante problema.
EL ORIGEN DE LAS ACTITUDES ACTUALES FRENTE AL ISLAM.
En 1965 publicamos en París un estudio detallado sobre esta cuestión (1), creemos que la posición del problema ha cambiado muy poco en estos últimos años y por eso expondremos aquí los resultados principales de nuestro medio remitiendo a la publicación francesa a aquellos que quisieran tener una información más detallada.
Decíamos en nuestro estudio que las actitudes que se encuentran actualmente con respecto al Islam son producidas por la influencia de dos órdenes de factores, unos de carácter subjetivo o sentimental que llamábamos factores superficiales, y otros que son consecuencia lógica de principios filosóficos o religiosos admitidos a priori y que son los factores profundos.
De la conjunción de estos dos órdenes de factores nacen las diversas actitudes que encontramos en el mundo actual, actitudes más o menos lógicas o sólidas según que los factores subjetivos sean concordantes o no con los principios filosóficos y religiosos admitidos. Hay que tener en cuenta que nuestro estudio se refiere únicamente a los individuos de formación y cultura europea, es decir, que tienen siempre un fondo más o menos velado de cultura cristiana.

¡Los fieles compañeros de ruta, que ahora presentamos, pretendían acabar con el totalitarismo! ¡Que ellos mismos instauraron!                                                                                                                                          
Esta exhibición filantropómana entre los salvadores de la democracia y la libertad, se consolidó en la famosa reunión en Crimea. Donde, mientras se repartían el mundo, ‘limaban asperezas’ mediante incontroladas libaciones, que ofrecía el socarrón dueño de casa, papá Stalin, dejando a los camaradas yanquis y anglosajones, como odres viejos a punto de reventar, apenas balbuceando; mientras los secretarios judíos, junto a Stalin, decidían el futuro del mundo.                                                                                                                                            
Para mayor escarnio, entre palmadas y copas, en este hipócrita contubernio se luchaba, en ese entonces, por la supremacía de un imperialismo sobre otro. Estos tetrarcas se divertían jugando a las Damas, yo te como un país y vos me comés otro. Cuando nada quedó por repartir, idearon un “entente” anunciando el peligro de la guerra fría, para someter al mundo aterrorizado ante la amenaza de la destrucción atómica.  Entretanto, gobernaba a unos y otros el mismo Poder secreto supranacional; que planificaba la política de postguerra.                                                                                                                                                      
En Yalta lucharon nada más que por dinero y poder, ¡arrasando países! Ninguno pensaba en mejorar la suerte de la humanidad; sino someterla con poder bélico. Pues, con intenciones filantrópicas, debieron haber comenzado por limpiar la casa. Los judeo-calvinistas yanquis acabando con el más repulsivo racismo, la masificación de toda la sociedad, y la convicción de ser los imperialistas predestinados por Jehová; los piratas ingleses, enemigos acérrimos de nuestra Patria, sacándose la careta de flema puritana, abandonando la expoliación por los mares del mundo; al tiempo que en la URSS se agudizaba el más salvaje totalitarismo asesino, ateo e inhumano.

(ver en este blog, “Lo borrachos gobiernan el mundo”).

UN ANTECEDENTE DE LOS PLANES SINÁRQUICOS
Para ayudar a comprender los peligros que amenazan a la humanidad, en los momentos difíciles que estamos atravesando, y que se concretan en laboriosas maniobras tendientes al reparto del mundo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, conviene no olvidar los planes que se vienen forjando, desde 1941, entre la Casa Blanca y el Kremlin.
Por eso, a la par que reproducimos documentos actuales, estimamos indispensable exhumar otros menos recientes, pero tal vez poco conocidos, y que sin embargo conservan una vital actualidad.
Así, por ejemplo, el texto de esta carta de Roosevelt a Zabbvrousky, fechada en 1943, y que en su día fue dada a conocer por el embajador de España, J.M. Doussinague, y reproducido en la obra de P. Virion El gobierno mundial y la contra Iglesia.

LA CASA BLANCA.- Washington, 20 de febrero de 1943.

Mi querido Sr. Zabbrousky:  Como tuve el gusto de manifestar verbalmente a Ud. y a Mr. Weis, estoy profundamente conmovido de que el National Council of Young Israel haya tenido la extrema bondad de ofrecérseme como mediador ante nuestro común amigo Stalin, en estos dificilísimos momentos en que todo peligro de rozamiento en el seno de la Unión de Naciones –a costa de tantos renunciamientos lograda- traería fatales consecuencias para todos, pero principalmente para la propia Unión Soviética.
Es interés, pues, suyo y nuestro, en limar aristas, cosa que va siendo difícil al tratar con Litvinof, a quien me he visto precisado a advertir, muy a mi pesar, ´´que los que se meten con el Tío Sam pueden resultar lastimados´´, y eso tanto respecto al Interior como al Exterior. Porque sus pretensiones respecto a las actividades comunistas en los Estados de la Unión americana sin ya de todo punto intolerables.
Más razonable se mostró Timochenco en su breve pero fructífera visita, y de desear fuera que una nueva entrevista con el Mariscal constituye rápido escalón para un cambio de impresiones directamente con Stalin, cosa que cada vez estimo de mayor urgencia, sobre todo al recordar cuánto bien se derivó de los tête a tête Stalin-Churchill.
Los Estados Unidos de América y la Gran Bretaña estamos dispuestos –sin reserva mental alguna- a dar absoluta paridad y voto a la URSS en la reorganización futura del mundo en la postguerra. Formará, para ello, parte- como el Premier inglés le ha enviado a decir desde Adana, al remitirle el anteproyecto sabido- del grupo dirigente en el Seno del Consejo de Europa y del Consejo de Asia, a la que le da derechos, no sólo la extensa situación intercontinental de la URSS, sino principalmente la magnífica y a todos ojos admirable lucha contra el nazismo, que merecerá todos los plácemes de la Historia de la Civilización.
Es nu8rstra intención –y hablo en nombre de mi gran país y del poderoso Imperio Británico- que estos Consejos Continentales estén integrados por la totalidad de sus Estados independientes respectivos, aunque con representación proporcional equitativa.
Y puede Ud.  –mi querido Sr. Zabbrousky- asegurar a Stalin que la URSS estará, a tal fin y con equivalencia de poder, en la Directiva de los Consejos dichos (Europa y ASIA) y será también vocal, al igual que Inglaterra y Estados Unidos, del  Alto Tribunal, que habrá de crearse para resolver las diferencias entre las diversas naciones , interviniendo asimismo idénticamente, en la selección y preparación de las fuerzas internacionales, y el armamento y el mando de las mismas que, a las órdenes del Consejo Continental, actuarán en el interior de cada Estado, a fin de que los sapientísimos postulados para el sostenimiento de la paz, según el espíritu de la benemérita Sociedad de las Naciones, no se malogren de nuevo, sino que estas entidades interestatales y sus ejércitos anejos puedan imponer sus decisiones y hacerse obedecer.
Ajora bien, este alto puesto dirigente en la Tetrarquía del Universo –la Secretaría, además, la destinamos para Francia, aunque con voz y no voto, premio a su rebeldía actual y castigo a su flaqueamiento anterior- debe satisfacer a Stalin hasta el punto  de no reiterar pretensiones que nos crean problemas insolubles. Así el Continente Americano quedará fuera de toda influencia soviética, y bajo la exclusiva de los EEUU, como hemos prometido a nuestros países continentales. En Europa,  Francia volverá a giraren la órbita inglesa –si bien con amplia autodeterminación y con derecho a la mencionada Secretaría en el Tetrarcado-  y bajo la protección de Inglaterra, también se desarrollarían hacia una civilización moderna definitiva, que las sacaría de su colapso histórico, Portugal, España, Italia y Grecia; aparte concederse a la URSS la salida al Mediterráneo, consideraríamos respecto a sus deseos en Finlandia y en el Báltico en general, y exigiríamos a Polonia una sensata actitud de comprensión y arreglo, quedando amplio campo de expansión, además a Stalin, en los inconscientes países del Este europeo –habida, empero, cuenta de los derechos de la fidelidad yugoeslava – aparte  de la recuperación total de los territorios que temporalmente le han sido arrebatados a la Gran Rusia.
Y sobre todo, la desaparición del peligro germano, que fraccionado el III Reich y barajados sus trozos con otros territorios en nuevas nacionalidades desafectas de aquel, desaparecerá definitivamente como peligro para la URSS y para Europa y para el mundo entero.
De Turquía ¡a qué discutir más! Ha de comprenderse esto y Churchill ha dado, en doble nombre, las seguridades necesarias a Inonu. El paso al Mediterráneo que se procura debe bastar a Stalin.
Del Asia, conformes con sus postulados, salvo ulteriores complicaciones. En cuanto al África ¡a qué eso más! Porque algo habrá que devolverá Francia y aún compensarle por lo de Asia, y algo también será preciso añadir a Egipto, como se ha prometido a los wardistas; en cuanto a España y Portugal, habrá que compensarles también los renunciamientos necesarios, para el mejor equilibrio universal. Estados Unidos entra también a la parte allí, por el derecho de conquista y necesariamente reclamarán algún punto vital para su zona. ¡Es justo esto! Y al Brasil hay que darle la pequeña expansión colonial ofrecida.
Convenza a Stalin –mi querido Sr. Zabbrousky- de que, en bien de todos y para el aniquilamiento rápido del  Reich (si bien todo esto no son más que líneas generales presentadas a estudio), ha de ceder en cuanto a colonizar África, y ha de dejar en cuanto a América, su propaganda e intervención en los centros laborales. Convénzale también de mi absoluta comprensión y de mi plena simpatía y deseo de facilitar soluciones, para lo que sería más conveniente la entrevista que propongo.
Y esta es la cuestión y todo.
Vi con el mayor placer –como os dije a su tiempo- los términos generosos del escrito participándome vuestra decisión , y el deseo que expresabais de ofrecerme, en nombre del National Council, un ejemplar de ese tesoro que es el mayor de Israel, el rollo de la Torah. De mi aceptación, esta carta os da la prueba; a la lealtad respondo con la confianza más extrema. Dignaos, os lo suplico, dar cuenta de mi gratitud a la alta Entidad que presidís, recordando la feliz ocasión del banquete de su XXXXI aniversario.
Os deseo el mayor éxito en vuestro trabajo de interpretación. Muy sinceramente vuestros.

Firmado: FRANKLIN D. ROOSEVELT.
Publicada en la revista VERBO, Nº 151, 1975.


miércoles, 7 de noviembre de 2018


CARTA A UN TENIENTE CORONEL
La verdad sobre Sarmiento en pocas palabras.

Escrita hace medio siglo, tiene tanta importancia el tema dilucidado, que deberían recibirla hoy día militares, sindicalistas, eclesiásticos, docentes, políticos, pues de no acabar con los mitos liberales y masónicos, nuestro país no podrá restaurarse en la verdad histórica, sino sobre aguas negras de fraudes, mentiras y traiciones.

Buenos Aires, agosto 22 de 1964.
Al Señor Jefe del Distrito Militar 49, San Juan.                                                                                     Teniente Coronel Luis Felipe Arracaesta.

De mi mayor consideración:

Hemos recibido su apreciable del 15 del cte., tendiente a celebrar por esa benemérita institución la ”semana sarmientina” en todo  el país y en esa provincia principalmente, con el aporte de libros, cuadernos lápices, para las escuelitas de humilde condición económica como homenaje al Gran Maestro de América.
Mandaremos en cumplimiento de los nobles propósitos y de tratarse de una institución como la vuestra, que suponemos integrada por argentinos, libros sobre Sarmiento para la sola lectura del señor Teniente Coronel. Para que vea que el “gran Maestro” sólo hizo entre nosotros una obra de desargentinización, crueldad, y jamás fue maestro sino periodista a sueldo de los enemigos de la patria. Y que solamente acabando con esa clase de mitos podremos levantar la grande argentina que todos aspiramos, y a que debiera aspirar el señor Teniente Coronel principalmente.
San Juan tiene auténticos próceres que festejar –entre ellos el noble general Nazario Benavídez-, para no ir a buscar a un hombre de mente internacionalizada, que amó a todas las patrias menos a la suya y debió escapar de San Juan en 1863 con palabras que indignan a todo verdadero sanjuanino.
Entre los libros que enviaremos a esa para ilustración del señor Teniente Coronel, nos place adjuntar “Vida de Sarmiento” del ilustre escritor Manuel Gálvez, y “Defensa de Sarmiento” del R.P. Guillermo Furlong  SJ., miembro que honra, tal vez el sólo en hacerlo- a la Academia Argentina de la Historia-. Más tarde mandaremos un cajón de otros que no tenemos a mano; porque hoy en día, -22 de agosto de 1964- los argentinos bien nacidos ya sabemos quién fue el corsario que una enseñanza falsificada deliberadamente por los opresores de nuestra patria nos quisieron imponer como mito. Y ya nadie –por lo menos aquí- publica libro en favor u homenaje a él. Solamente algún pobre militar despistado, más por ignorancia que por tontería, hace el agravio a las armas de la patria al festejar a quien tramitó su nacionalidad chilena y dijo al final de su “Conflicto y armonia de las razas en América”: “No detengamos a los Estados Unidos en su marcha, seremos de los Estados Unidos como el mar es del océano”. Y para norteamericanizarnos trajo a las normalistas, sola obra educativa que hizo en nuestro país.
El señor Teniente Coronel, si comparte estos juicios, debería mandar el pedido a los Rotarys clubes o a los viceconsulados estadounidenses, que lo comprenderán mejor que nosotros, los militares patriotas argentinos.
Pero esperamos que gracias a nuestro envío, pueda instruirse y saber quién era el que no quería “ahorrar sangre de gauchos, que es un abono útil que debemos al país”. Y que no es, precisamente, entre los humildes, donde corresponde hacerle su homenaje.
Saludo a Ud. atte.

ALEJANDRO HIDALGO.
(Tomado de “Revisión”, septiembre 1964)


MAKRI:                                                                                   (presidente de un país transformado en factoría)

NUESTROS PROBLEMAS ECONÓMICOS NO SERÁN NUNCA RESUELTOS POR EL FMI Y EL BID.
ES MÁS FÁCIL PEDIR PRESTADO EN DETRIMENTO DE LAS GENERACIONES VENIDERAS QUE INNOVAR Y TRABAJAR. PERO ESA ES LA DIFERENCIA ENTRE UNA FACTORÍA Y UN PAÍS.
LA ARGENTINA TIENE QUE SER MÁS QUE UN BUEN MERCADO PARA LOS BANQUEROS INTERNACIONALES.