viernes, 22 de marzo de 2019

¡¡¡ Maestro Tinelli !!!

El señor Tinelli, seguramente en la cima de la popularidad,  junto a otros magnates estelares de la TVBasura, como Bores, Grinsburgh, Gelburg, Sofivichc, V. H. Morales, etc... junto a los cuales descuellan unas antiguas divas (no quise decir viejas recauchutadas, por favor) son los nuevos maestros de la ciudadanía democrática. Pero entre todos estos nuevos próceres de la 'cultura' Tinelli se lleva las palmas: es el numen, el paradigma... ¡el nuevo padre del aula Tinelli inmortal!

Me disculpo de antemano por la sacrílega comparación, que seguramente considerarán alocada, extravagante, irrespetuosa; pero, aunque me sobrevengan calamidades, tengo que decirlo de una buena vez: ¡el señor Tinelli me recuerda a Sarmiento!

Nada tienen que ver el uno con el otro, ni física, ni psicologicamente, ni las enseñanzas, ni las intenciones de uno y otro; pero son semejantes respecto a la abyecta influencia sobre el pueblo argentino. El sanjuanino degradó el alma nacional, la aplebeyó, la 'laicisó', acabando con la grandeza criolla. El nuevo maestro continúa la obra de Sarmiento rebajándola  al extremo de la corrupción más escandalosa. ¡Y ambos son idolatrados por el 'gran público'! +

Esta notita la publiqué en el 2014, pero como el personaje todavía subsiste, cada vez más encumbrado y degradado, la reproduzco. Este tipo de individuos famosos, van y vienen, dan vueltas y revueltas, pero siempre,al fin, la"democracia" acude a ellos para tratar de sobrevivir.

martes, 19 de marzo de 2019


DESDE MEDIADOS DEL SIGLO XIX, ININTERRUMPIDAMENTE, LOS POLÍTICOS LIBERALES SE INSPIRARON EN EL SERVILISMO MENTAL QUE ADOPTARON LOS DESQUICIADOS “PRÓCERES” UNITARIOS, PARA INSTAURAR LA “COLONIZACIÓN PSICOLÓGICA INGLESA”; TRANSFORMANDO NUESTRA NACIÓN SOBERANA EN UNA FACTORÍA ANGLO-YANQUI.

AHORA BIEN, EL MÉTODO PARA SOMETERNOS PSICOLÓGICAMENTE VARÍA SEGÚN LAS CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS, PERO EL FIN PROPUESTO QUEDA INCÓLUME. HOY DÍA, COMO NO PUEDEN ANULAR TOTALMENTE EL AMOR A LA PATRIA, SÓLO PERMITEN QUE SE EXPANDA EN LAS CANCHAS DE FUTBOL, MIENTRAS EL PAÍS AGONIZA POLÍTICAMENTE. YA NI SIQUIERA SOMOS EL “GRANERO DEL MUNDO”; SOMOS UNA FACTORÍA CON DIRIGENTES CORROMPIDOS, Y UN PUEBLO QUE SE DIVIERTE JUGANDO AL FUTBOL Y BAILANDO TANGO. 

CADA DÍA MÁS DESPROTEGIDO, NUESTRO PAÍS ESTÁ ACTUALMENTE SOMETIDO POR LA INAUDITA INTROMISIÓN EN ASUNTOS ESTRICTAMENTE NACIONALES DE ORGANIZACIONES DE “DERECHOS HUMANOS”, FMI, SECTAS AMPARADAS POR USA, SIONISMO, ETC. ESTAS SE ADJUDICAN, GRACIAS A LOS DÓLARES QUE REPARTEN PRÓDIGAMENTE ENTRE LOS MIEMBROS CONSPICUOS DEL RÉGIMEN, FALSOS DERECHOS SOBRE NUESTRO PAÍS. 

SIMULTANEAMENTE, DETRÁS DE ESTA MANIOBRA, LA HIPOCRESÍA “PROGRESISTA” Y MARXISTA PROTESTA CONTRA EL IMPERIALISMO JUDEO-CALVINISTA, PARA ENTREGARNOS A LA SERVIDUMBRE JUDEO-MARXISTA. 

TRANSCRIBO A CONTINUACIÓN, DEL ARTÍCULO: “DEL SERVICIO SECRETO INGLÉS AL JUDÍO DICKMANN”, ESCRITO POR:

Ramón Doll

EL CAPÍTULO:
“LA COLONIZACIÓN PSICOLÓGICA INGLESA”

Una muy eficaz es la campaña de los vencedores de Caseros, que continúa hasta ahora, tendiente a demostrar que nuestro derecho público, constitución, leyes, organización, etc., son superiores al pueblo argentino. No hay día que la gran prensa no diga y repita hasta la saciedad que las leyes son excelentes pero los argentinos no estamos preparados, somos muy rudos, muy atrasados para comprender las exquisiteces de una ley Sáenz Peña o de un régimen representativo que cuesta millones de pesos mensuales a la nación.
Véase porqué esta patraña innoble no resiste el menor análisis y que de primera intención se advierte en ella un propósito divisionista de modo que esté siempre escindida la sociedad argentina. La idea de que nuestro pueblo es inferior a las instituciones que nos rigen es un idea desarrollada en la prensa argentina inmediatamente después de Caseros hasta la fecha y mantiene al país en estado de guerra civil permanente entre las minorías dirigentes y las clases populares dirigidas, pues si estas son indignas de acceder al gobierno, aquellas tienen derecho a ejercer una tutela política mediante el fraude, tutela que inmediatamente de discernida se empieza atacar, porque entonces  se recuerdan las leyes según las cuales el pueblo debe gobernar. Si gobiernan los jefes populares, malo porque las masas argentinas no saben gobernar; si gobiernan las minorías tutoras, malo también porque es el pueblo el que debe gobernar.

En ese rompecabezas estamos desde1810 y nos mantienen en ese estado de provisorato crónico, para que no nos podamos dar un Estado autóctono y original que calce en la nación como el guante en la mano. Y si digo que Inglaterra es la que estimula el divisionismo entre clases populares y clases regentes, no es una humorada o una explicación traída por los cabellos, pues eso lo ha hecho aquí y en todos los países hispanoamericanos, y en España misma, importando su liberalismo y su sistema de partidos turnantes que polarizan a la sociedad en bandos irreconciliables.

domingo, 17 de marzo de 2019


EL PERIODISMO DEL RÉGIMEN ENCEGUECE AL PUEBLO PARA DEJARLO SOMETIDO.

Palabras duras, ¡LA VERDAD DUELE!, del Padre Castellani, que sólo el Nacionalismo pronuncia en los oídos adormecidos por la sordera liberal, del “soberano” sin corona; indiferente, despreocupado en su ignorancia, incapaz de reaccionar. Con estas pocas palabras denuncia la tragedia que se impone sobre la aplebeyada y rendida Nación Argentina.

“Más lo que está peormente servido aquí es la diamantina y nevada oficina de prolación, elaboración y distribución de la verdad religiosa. La prensa laica y mercantilista, llegada a su punto postrero de involución natural, es hoy día aquí una superproductora desaforada de nubes de humo, nieblas artificiales y gases asfixiantes. Dirigida por potencia plutocrática extranacional, atosiga al pueblo indefenso de información sobre lo que no le interesa, mientras le sustrae lo que vitalmente interesa; como si a Nacional-Aguas-Corrientes le diera por mandar a caños agua sucia con alumbre, opio y flora microbiana. Y lo dicho de la prensa, dígase del libro (aplebeyado tipo periódico por editores inconscientes), del cine (vehículo de una des-educación extranjera), del teatro (huaso y obsceno en su mayoría), la escuela (sosa, cara, inefectiva) para no hablar de otros y sublimes institutos, de donde todo desciende como de la cumbre al río.

[…] Y el verso con que siempre acaba mi tío sus peroratas es medio feo pero yo no tengo la culpa:

“La in-Democracia es una In-sociedad 
de in-responsabilidad  in-limitada.
fe de bautismo muy falsificada
obscena panza y avanzada edad.                                                                   

Ni bautismo ni fe tiene, en verdad
se las da de cristiana consagrada,                                                                                                               pero no puede ver ni cruz ni espada
en su capilla que parece "buat".
                                                                                                      
Tiene dinero no muy limpio él, 
cuentan que regenta de burdel
cierto fue esposa de un banquero anciano

Que casi casi es pior mirando todo.
Pieles, perfume y guantes hasta el codo
y un cáncer en el vientre y en el amo.*                                                                                                                                            
“Las Ideas de mi tío el Cura” pg.200.



LA  POLICÍA  “ANTISEMITA”
Artículo redactado en 1964; con vigencia actual.

El  Ministro de Defensa Nacional, doctor Leopoldo Suárez se refirió, aparentando una indignación que lo mostró fuera de sí, a unas supuestas relaciones políticas, amistosas y coincidentes, entre la Policía Federal y el Nacionalismo; expresando que el Nacionalismo “tiene un enquistamiento dentro de la propia Policía… alguna vez habrá que resolver en este país” esa situación escandalosa y vedada, respecto al judaísmo. (La Prensa, 31/III/1964).

Luego podría haber continuado su perorata, para colmarse de honores, denunciando la impunidad de las organizaciones nazis pese a la buena voluntad de los altos funcionarios gubernamentales”, porque estas palabras, que tan bien coinciden con su pensamiento, corresponden a las escritas, queremos creer por una casual coincidencia, en el periódico judeo-sionista- marxista “Nueva Sión”, del 17 enero 1963.

Junto al doctor Suárez y a “Nueva Sión” podemos mencionar, confirmando la coincidencia, las palabras del laureado León Dujovne, director del periódico del partido israelita MAPAI, “Mundo Israelita”, pues en su editorial del 29/XII/1962 titulado: “Las cosas claras frente al cierre de las Instituciones” (se refiere a la afiliadas a la Federación de Entidades Culturales Judías) dio un paso más adelante concretando las denuncias de sus antecesores, con este sarcástico argumento: “La acción de las autoridades encargadas del mantenimiento del orden se ha particularizado con instituciones de denominación judía, calificadas de comunistas. Esta conducta pareciera sugerir que las autoridades no actúan contra grupos nazis, grupos fascistas, antidemocráticos, porque no encuentran grupos fascistas, grupos nazis a los que designe como judíos, para poder proceder contra ellos”.

Y así damos forma definitiva a la denuncia del Ministro: la Policía argentina es antisemita y apaña las actividades nazis, pese a los deseos contrarios de los altos funcionarios gubernamentales; y para colmo de males la Policía argentina es decidida y seriamente anticomunista, ante la indignación sionista.

En infinidad de circunstancias, y utilizando todos los medios de difusión se han expresado estos conceptos agraviantes contra la Policía. Pero curiosamente se manifiestan con mayor ímpetu cuando la Policía investiga delitos morales o financieros; cuando se clausuran entidades o se detienen activistas bolcheviques. Entonces sí tendrían pretexto para culpar a la Policía de antisemitismo; porque en el fondo de cada investigación aparecen apellidos con tantas consonantes que bien podrían integrar un suplemento de la guía telefónica de Tel Aviv.

Veamos algunos ejemplos de esta discriminatoria furia anticatólica y antiargentina:


Textos de doctrinA POLITICA                                                                                                 
  El individuo atomizado agobiado por el absolutismo democrático.

LA SOBERANÍA.

Es falso el punto de vista que coloca al individuo en oposición al Estado, y que concibe como antagónicas las soberanías de ambos. Este concepto “soberanía” ha costado mucha sangre al mundo y le seguirá costando. Porque esa “soberanía” es el principio que legitima cualquier acción nada más de ser de quien es. Naturalmente, frente al derecho del soberano a hacer lo que quiere se alzará el del individuo a hacer lo que quiere. El pleito es así irresoluble.

En este principio descansa el absolutismo. Este sistema apareció en el Renacimiento y tuvo mejores políticos que filósofos. Éstos acudieron al Derecho romano, y, confirmando sobre el “dominio” privado el poder político dieron a éste un carácter “patrimonial”. El príncipe viene a ser “dueño“ de su trono, y así lo que a él le parezca  tiene fuerza de ley, nada más que por emanar de él. “Quod principi placuit leges habet vigorem”. Digamos entre paréntesis que esta tesis del príncipe, este derecho divino de los reyes, nunca ha sido doctrina de la Iglesia, como sus enemigos han pretendido afirmar.

Pero es natural que frente al derecho divino de los reyes se proclamase el derecho divino del pueblo. El que dio forma expresiva a esta tesis básica de la democracia fue Rousseau en el “Contrato Social”. Según él, todo poder procedía del pueblo, y sus decisiones de voluntad se consideraban justificadas, por injustas que fuesen. Al “Quod principi placuit leges habet vigorem”, sucede la afirmación de Jurieu: “El pueblo no necesita tener razón para validar sus actos”. Y el individuo sale de la tiranía de un gobernante para caer bajo la tiranía de las asambleas”.

SOBERANÍA Y DESTINO.

El Estado se encasilla en su soberanía, el individuo en la suya; los dos luchan por sus derechos a hacer lo que les venga en gana. El pleito no tiene solución. Pero hay una salida justa y fecunda para esta pugna si se plantea sobre bases diferentes. Desaparece este antagonismo detractor en cuanto se concibe el problema del individuo frente al Estado no como una competencia de poderes y derechos, sino como un cumplimiento de fines de destinos. La Patria es una unidad de destino en lo universal, y el individuo, el portador de una misión peculiar en la armonía del Estado. No caben así disputas de ningún género: el Estado no puede ser traidor a su tarea ni el individuo puede dejar de colaborar con la suya en el orden perfecto de la vida de su nación.

El anarquismo es indefendible, porque, siendo la afirmación absoluta de individuo, al postular su bondad o conveniencia ya se hace referencia a cierto orden de cosas, el que establece la noción de lo bueno, de lo conveniente, que es lo que se negaba. El anarquismo es como el silencio: en cuanto se habla de él se le niega

La idea del destino, justificador de la existencia de una construcción (Estado o sistema), llenó la época más alta que ha gozado Europa: el siglo XIII, el siglo de Santo Tomás. Y nació en mentes de frailes. Los frailes se encararon con el poder de los reyes y le depararon ese poder en tanto no estuviera justificado por el cumplimiento de un gran fin: el bien de los súbditos.
Aceptada esta definición del ser –portador de una misión, unidad cumplidora de su destino-, florece la noble, grande y robusta concepción del “servicio”. Si nadie existe sino como ejecutor de una tarea, se alcanza precisamente la personalidad, la unidad y la libertad propias “sirviendo” en la armonía total. ¡Se abre una era de infinita fecundidad al lograr la armonía y la unidad de los seres! Nadie se siente doble, disperso, contradictorio entre lo que es en realidad y lo que en la vida pública representa. Interviene, pues, el individuo en el Estado como cumplidor de una función, y no por medio de los partidos políticos, no como representante de una falsa soberanía, sino por tener un oficio, una familia, por pertenecer a un Municipio. Se es así, a la vez que laborioso operario, depositario del poder.

Los sindicatos son cofradías profesionales, hermandades de trabajadores, pero, a la vez, órganos verticales de la integridad del Estado. Y al cumplir el humilde quehacer cotidiano y particular se tiene la seguridad de que se es órgano vivo e imprescindible en el cuerpo de la Patria. Se descarga así el Estado de mil menesteres que ahora innecesariamente desempeña.  Sólo se reserva los de su misión ante el mundo, ante la Historia. Ya el Estado, síntesis de tantas actividades fecundas, cuida de su destino universal. Y como el jefe es el que tiene encomendada la tarea más alta, es él el que más sirve. Coordinador de los múltiples destinos particulares, rector del rumbo de la gran nave de la Patria, es el primer servidor: es, como quien encarna la más alta magistratura de la tierra, “siervo de los siervos de Dios”.+

Artículo tomado de “JUANPÉREZ”, Madrid-Barcelona, junio 1964.



lunes, 11 de marzo de 2019


La lenidad de la “justicia” liberal fomenta la corrupción, amparando a sus secuaces.

Glosa 27, del libro de ROMANO AMERIO: “Stat Veritas”, donde comenta el siguiente párrafo de la Carta Apostólica “Tertio Millennio Adveniente” de J.P. IIº,  1994: “Otro capítulo doloroso sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al arrepentimiento está constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad” (n.35,pg.49)].

Hoy día ni siquiera se castigan los delitos contra la ley positiva, pues sobre ella domina la libertad omnímoda de cada quisque, que suplanta tanto a la ley positiva como a la ley natural y a la de Dios. En el Régimen liberal actual, nacido de la guillotina, e implantado, en la Iglesia con el Vaticano II; y en nuestra Patria, luego de Caseros con las Rémington unitarias y los “generales” uruguayos, ni se enjuicia ni se castiga a los secuaces del Régimen. Sólo a los adversarios: “¡muera quien ni piensa como pienso yo”. Justicia y Liberalismo son dos términos cuyos significados se contraponen, ahogando a la Justicia. Tanto en la Iglesia como en el Estado.    

 Viene de perillas al momento político actual argentino las palabras de Romano Amerio  comentando la Encíclica del Papa polaco, -de las cuales sólo hago hincapié en la propensión a disimular y excusar los juicios y castigos a quienes lo merecen-. Dice AMERIO:: … “porque nuestras ideas de religión se han desarrollado en forma tal que se condena toda forma de violencia: la tendencia general es suprimir toda forma de represión, la injustificada y también la justificada”. O sea, Juan Pablo II consagró el triunfo completo de la “justicia” liberal en la neo-teología vaticana; como consecuencia del triunfo político liberal luego de la 2ª.  guerra mundial. Continúa Amerio:

[…] El núcleo de la cuestión reside en que a una sociedad (en tiempos los tratados eclesiásticos añadían perfecta) le corresponde constitutivamente la facultad de castigar. Si bien se mira, una sociedad que careciese de la facultad de castigar sería una sociedad fundada sobre la indiferencia moral: esa sociedad no castigaría, porque las acciones de los hombres serían indiferentes.
“En el pensamiento moderno palpita también la idea de libertad: no se castiga porque el hombre es libre, y que el hombre sea libre quiere decir que no habría ningún límite para las operaciones de su inteligencia. Todas las operaciones del intelecto humano serían dogmas y merecedoras de respeto, porque el hombre es considerado libre. La libertad es el principio de la sociedad moderna, es el principio que inspira el espíritu del siglo, del cual se han  dejado invadir también los hombres de la Iglesia.
“Como se ve, este pasaje de la Carta Apostólica es muy espinoso, y sus espinas tocan los principios mismos de los cuales deriva el espíritu moderno: la independencia de la autoridad y el hermanamiento irenista por encima de cualquier otro principio…” (ROMANO AMERIO).

Está tan generaliza esta transigencia de la “justicia” liberal con los delitos, tanto en la Iglesia como en el Estado, que abundan los testimonios.  Monseñor Schaufele, en SISINONO, Nº 252/53, dijo en la nota: “Porqué la Iglesia debe condenar”: “Se os dijo que la Iglesia debía limitarse a partir de entonces a exponer la verdad de manera positiva, y que no debía ya condenar, ni prohibir, ni prevenir. Se dice, además que la Iglesia del pasado, la de las anatemas y las condenas, debe ceder sitio a una Iglesia de tolerancia general y de comprensión universal… Ahora bien, precisamente quien le prohíbe a la Iglesia el “NO” se arroga el privilegio de decir “NO” al magisterio eclesiástico, a todos los dogmas, a toda la tradición, y naturalmente a toda la teología que no sea la teología moderna”.

J.P. IIº era tan enorme santazo “súbito”, que aplicó fielmente la nueva teología permisiva inaugurada por Juan XXIII, el buenazo, quien comenzó a charlar alegremente con los neo-modernistas, traicionando las enseñanzas de Pío XII, -considerado obsoleto, retrógrado y “petrificado”-, como decía el historicista Ratzinger. En  consecuencia, Juan XXIII declaró la guerra contra los acusadores de pecados y contra todos los “santos tristes”; y así se abrieron las puertas para que multitud de sacerdotes cuelguen las sotanas, y vivan alegremente en el Mundo; avergonzando y entristeciendo a la Iglesia. Estos eran considerados hijos auténticos del V. IIº, sumergidos  en el maremagno de los tiempos. Algunos de ellos fueron premiados por su fidelidad al progresismo, ascendiéndolos al cardenalato.

jueves, 7 de marzo de 2019


Eugenio Montes.
“El Viajero y su Sombra”.
Un aire de Cuaresma
“Estas crónicas de caminos fueron escritas en las posadas, sin vocación de eternidad, en 1931, 32, 33 y 34. Hace seis y siete años. Es decir, dada la andadura de la vida y la muerte en España hace seis y siete siglos. Pero no pido disculpas, pues las ideas y las pasiones que anticipan han contribuido a mover la gloria de nuestra guerra. Profecía de huesos ha sido siempre la Historia” .- E.M.

El republicanismo liberal, izquierdista y marxista, desde añares, fue sumergiendo a los españoles en el mundo de las cosas y del dinero, objetos de lujo, placer y ostentación, generalmente superfluas. Esas cosas, deslumbrantes a los sentidos domesticados que difunde el “americanismo”, para achanchar y amortiguar la resistencia patriótica de los pueblos; y para que, al fin, acepten como palabra sagrada los principios de la política rastrera y materialista de la democracia liberal y burguesa. Pues el liberalismo necesita difundir el libertinaje moral para imponerse.
Pero la juventud española, inspirada en la gran Tradición, se sobrepuso heroicamente y arrebatadas de amor patrio se lanzó con espíritu enjuto de cruzados a restaurar la Patria, cuando ya inexorablemente hubiera caído rusificada.
Considerando que los argentinos estamos actualmente enviciados por semejantes costumbres y agobiados por la misma política absolutista, ante el ejemplo expuesto por Eugenio Montes en su libro, ¿Conservará actualmente nuestra juventud, agraviada, engañada y enviciada, las fuerzas suficientes para restaurar el honor, la dignidad y la soberanía patria? ¿Resurgirá en la juventud argentina el amor a Dios y a la Patria, para instaurar el Reinado de Cristo?  
         
Cuaresma.
M
ientras las cosas ocuparon, indebidamente, el rango supremo en la escala de la estimación y el anhelo, los españoles no teníamos nada que hacer, porque nuestra civilización se funda en la reverencia a los valores personales por encima de los valores de las cosas u objetos mercantiles. La persona se distingue de la cosa en eso: en que la persona no se vende ni se puede adquirir en un mercado. Y ¿qué fue hasta hace unos años el mundo sino un enorme bazar, emporio de riqueza material y de espiritual miseria?

En un tiempo de abundancia mercantil y de miseria metafísica cuando todos se disputaban la posesión de las cosas, el español, por hombría, se dedicó a matar el tiempo, a matar o ver morir un mundo dejado de la mano de Dios. Sentado a la puerta de su casa, mudo, ensimismado y triste, espera el paso del cadáver de su enemigo. Así estuvo el español durante siglos, inmóvil, sin despegar los labios, metido en la caverna del sentido y en lo profundo de su soledad sonora. De vez en vez, un ¡ay!, y luego vuelta a callar. De vez en vez, un ¡ay! y una copla muy ronca por lo bajo, un cante triste y hondo. Y es que el español. Si lo es, es profundo. Lo epidérmico, lo frívolo nos es extraño, extranjero. Pero por eso mismo los extranjerizantes se dedicaron a frivolizar nuestro pobre pueblo, exaltando la hermosura de las sensaciones lujosas. El político de modales europeos, con la barbita en punta y la legión de honor en la solapa, da una vuelta por el boulevard o por el Strand londinense y retorna, preguntándose en medio del silencio sagrado de Castilla: ¿A qué se debe la superioridad de los anglosajones? Y tanto y tanto oyó el español esta pregunta que, al fin, concluyó de dudar de sí, por inquietarse. Estaba en lo firme desde hacía siglos, resistiendo en su Tebaida ascética el asalto de las sensaciones, pero políticos y escritorzuelos se empeñaron en sacarle de quicio, sacándolo de la puerta de la casa donde esperaba, inmóvil, el paso del cadáver del enemigo. Y concluyeron en estos años por conseguirlo, por sacarle de sí y enfurecerle, justamente cuando asomaba por la frontera el cadáver del enemigo, el ataúd de Europa. Frontera de España es Biarritz. A Biarritz iba entonces, y quizá sigan yendo, los cronistas de periódicos amigos de Sánchez Román, de la civilización y del progreso. Y había que ver sus crónicas civilizadas poniéndole a las mujeres españolas, tan dignas y elegantes bajo sus mantos raídos, los modelos de las casas de modas, con sus escotes impúdicos y sus piernas al aire. Y había que ver su estupor de papanatas ante los maridos distraídos, las ruletas en libertad y Stavinsky en automóvil. Había que ver lo que no vieron, la agonía de todo eso, la muerte de una civilización industrial y burguesa, ausente de valores humanos, civilización de los derechos del hombre, o sea el derecho del hombre a dejar de ser hombre, a perder hombría, y los derechos de la mujer, o sea el derecho a dejar de ser madre o virgen.

España virgen. Pura e intacta de los pecados europeos, la Antigüedad española sintió siempre en el fondo un aristocrático desdén por ese mundo burgués y desalmado, mundo sin alma, bazar de tonterías, con frigoríficos, aspiradores, masajes y masajistas. En 1914, cuando una disputa de feria hizo reñir a Europa, nosotros no fuimos a la riña porque no habíamos ido a la feria. De un modo más o menos oscuro sintió entonces el corazón español que allí no se disputaban más que mercados, ni reñían más que mercaderes.

A un emigrante vasco, perdido –o encontrado- en la ancha soledad de la pampa argentina, le hablaron una vez del Marne y de Verdún. Le preguntaron entonces que pensaba de esas batallas y a cuál de los ejércitos beligerantes otorgaba su simpatía. Y el vasco, liando su cigarrillo, con la hopa del Rey de España en la mano, yesca, lumbre y pedernal, en alto los hombros displicentes, respondió: Bah, cosas de maquetos. Cosas de gente sin estirpe. Cosas, mercaderías, competencia y trifulca de mostrador y mercaderes.

La guerra de 1914-1918 y su triste engendro, el Contrato de Versalles, no son sino los últimos y acongojantes episodios de esa competencia de egoísmos y hedonismos a que se entregó el mundo tras la rota española de Rocroy y el contrato de Westfalia ¡Locura de Europa!, dijo entonces nuestro D. Diego Saavedra Fajardo. Esa locura europea –burguesa y marxista-  de concebir la existencia como una puja de apetitos lujosos, ha contagiado en los últimos tiempos nuestro país. Hace falta que España se haya vuelto loca para que las gentes se peleen por gozar un mundo que, en el fondo, no le interesa al español; el mundo de las cosas, de los bienes epicúreos, de los objetos cómodos, del dinero a todo trance. El mundo de lo que se llama la buena vida, que es el único a que aspiran las mujeres de mala vida. Un mundo sin moral, sin ethos, sin honor y sin grandeza.

Lo más trágico de ese contagio póstumo es su anacronismo. El obrero reclama en España jornales crecientes, cuando en Inglaterra y Alemania comienza a persuadirse de que sólo con jornales sobrios podrá tener trabajo. El hidalgo antiguo de nuestras viejas ciudades se siente burgués, cuando en Europa la burguesía se dispone a vivir con la alta y enjuta dignidad de un castellano viejo. La mujer española corre desalada de piscina en piscina, cuando las mujeres europeas ya se avergüenzan de su impudor inelegante.

Anda por toda Europa un aire de cuaresma. Y es que han venido, tras siglos de frivolidad, tiempos serios y duros. A ellos sólo sobrevivirá el país que sepa resistir, soportando rigores. El mundo se dispone a aprender un arte en el que hemos sido siempre maestros: el del aguante.
¡Si España hubiese aguantado un poco más! ¡Todavía hoy, si volviese a su ser! Lo primero, el temor de Dios: lo segundo, la gravedad, solía decir un jesuita hispano a un príncipe que adoctrinaba en Nápoles. Cuando nadie le temía a Dios, ni a la muerte, ni quería ser grave, nosotros renunciamos a intervenir en el mundo ¡A coger, a coger los bienes de la vida, que es corta!, cantaba el epicureísmo de corto vuelo. No. Don Francisco de Quevedo, con polvo y asco en los labios replica bien:

Y pues la humana vida es larga, y nada.
24/6/1934.