lunes, 15 de abril de 2024

 

 

El Padre Castellani  (Decíamos Ayer, ed. Sudestada, 1968,pg. 297) escribió estas palabras irrevocables sobre una afirmación harto utilizadas para enmarañar y burlarse de la esperanza de los televidentes de obtener respeto político.                                                                                                               Es uno de los dogmas masónicos más engañosos, considerando la realidad política, y difundidos; que aplican demagógicamente los soberbios jerarcas del Nuevo Orden mundial anticristiano y antinacional, que se consideran predestinados para gobernar el mundo, dejando un tendal de escombros de violencia y muerte.                                                                                                La única y verdadera dignidad humana es aceptar que debemos vivir como hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza.  

 

LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

Donde falló Kant fue en no determinar claramente que el hombre no es el fin último de la creación, aunque toda la creación tenga como fin último al hombre. Y donde se equivocó en no ver que cuando el hombre se aparta voluntariamente de su fin último, que es Dios, por el mismo hecho mediatiza a Dios y se pone a sí mismo como último fin de todo; prostituye la creación y quiere hacerlo sirviente a Dios. Y el resultado es que cae el mismo de sirviente de lo que no es Dios.  Hace de sí mismo un dios y un ídolo y facto-ipso se encuentra sometido a los falsos dioses y esclavo de los ídolos.

Cae esclavo de las potestades aéreas de las formidables fuerzas cósmicas, del azar y el destino, de las grandes impulsiones históricas, de la colectividad política, de las manías de su tiempo, de su raza o de su clase, del poder implacable del dinero, del temor de la espada, de un tirano cualquiera, de una mala hembra (o aunque sea buena), de la bebida, del juego, de lo que sea.

Esa es la gran dignidad de la persona humana que se corta de Dios. Entonces si que siente quemarle las entrañas la sed de libertad, y se convierte en capaz de matar por ella, o morir por ella, aunque sea de un modo demente. Surgen las guerras, las guerras civiles, las guerras internacionales, del estado de guerra crónica que hay en las entrañas de todo pecador.

Esas masas electrizadas que se destrozan hoy día y destrozan a Europa gritando que defienden la libertad, detrás de la vacua engañifa del slogan fabricado por la plutocracia, pueden tener razón en el fondo. Como las moscas que se debaten desesperadamente presas en el papel con liga, unas para salir, otras para empringarse más todavía, esas moscas humanas sangrientas desean por los malos caminos la libertad…+

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